
Ánima ubicado al costado sur de la Catedral Metropolitana, México
Para nosotros, habitantes del siglo XXI, científico y racionalista, el tema de la muerte se evita y oculta. Pero durante cientos de años la muerte fue una presencia cotidiana y familiar; los desórdenes sociales, las frecuentes epidemias y las condiciones climatológicas que destruían las cosechas sesgaban con frecuencia la vida de hombres, mujeres y niños de todas las edades y condiciones sociales.
En aquel ambiente, carente de explicaciones racionales que permitieran comprender los desdichados eventos que sucedían, las personas hallaban consuelo en la religión. El Catolicismo alentaba la creencia de que esta vida era sólo un tránsito pasajero del alma, cuyo verdadero destino se encontraba más allá de la muerte. Es por ello que los sufrimientos pasados en el mundo eran sólo una prueba para gozar de la presencia de Dios, pero únicamente si se seguían los preceptos que la Iglesia había establecido. Dependiendo de la conducta llevada durante la vida cambiaba el lugar al que el alma se dirigía una vez que hubiera abandonado el cuerpo.
En el Cielo uno se encontraría de la presencia de la Trinidad, la Virgen María, los Ángeles y los Santos. Sin embargo era casi imposible que cualquiera fuera allí inmediatamente al morir, incluyendo aquellos que se habían portado bien. Dicho privilegio sólo estaba reservado para los mártires y santos.
Al Infierno llegaban aquellos que hubieran muerto en Pecado Mortal (como el suicidio y el asesinato), sin haberse confesado, o los “herejes” (como los musulmanes). Se trataba de un lugar espantoso, donde los condenados sufrirían por toda la eternidad de torturas acordes con los pecados cometidos mientras ardían en el fuego que causaba más dolores que todos los males del mundo juntos.
El Purgatorio era una zona que se encontraba en medio de los dos. Era un lugar de purificación, en donde pasarían una temporada las almas de quienes fallecían en pecado venial, como los chismosos, los glotones o los perezosos. Es decir, casi todo mundo. El fuego del purgatorio causaba grandes dolores, había oscuridad por todas partes y sólo se escuchaban los quejidos de las ánimas en pena. Dependiendo de las faltas era el número de años que se pasaba allí, en cualquir caso se creía que no podían ser menos de unos miles. Al final de la penitencia las almas eran rescatadas por los ángeles, quienes las llevaban ante la presencia de Dios.

La existencia del Purgatorio fue reconocida por el Iglesia Católica desde el siglo XII, sin embargo se le dio un fuerte impulso y difusión a partir del Concilio de Trento (1545-1563) como parte de la Contrarreforma, un poderoso movimiento en respuesta a las acciones de Lutero. Para evitar que los fieles cayeran en las garras protestantes se necesitaba reafirmar su fe por medio de pinturas y sermones, haciendo vívidos las delicias del cielo o los tormentos del infierno y el purgatorio. Lo segundo se consideró más efectivo, ya que el temor al castigo era mejor motivador que la promesa de una recompensa.
Nos ocuparemos del purgatorio, por ser un espacio que ha producido interesantes fuentes iconográficas.
EL PURGATORIO
Para los habitantes de América, especialmente la Nueva España, que vivieron en el último tercio del siglo XVI y finales del XVII, era casi un hecho de que al morir sus almas irían al purgatorio. No era un pensamiento reconfortante, ya que los sermones que daban los sacerdotes, con gran teatralidad, se encaminaban a hacer sentir e imaginar en carne propia las penurias que les esperaban.
El alma, se halla despeñada en aquel profundo abismo despedazada con la pena de sentidos:nadando en aquel tenebroso lago, de negras llamas, ciega, a oscuras, sin poder ver la cara de Dios su Padre…
Para reforzar dichos contenidos los pintores retrataban a las ánimas solas, purgantes, desesperadas, abrazadas por las llamas de la purificación. En dichas representaciones podemos ver a hombres y mujeres desnudos, con las manos unidas en actitud de rezo, rostros compungidos y generalmente con los ojos vueltos hacia arriba, ansiosos de reunirse con Dios.

Las imágenes de las ánimas podían encontrarse solas o dentro de la composición de un cuadro mayor. Un ejemplo claro es el que presenta a las tres Iglesias:La Purgante, donde están las almas; la Militante que es la que se encuentra en la tierra, compuesta por sacerdotes y fieles, y la Triunfante que tiene su asiento en el cielo y como jefe a Dios, Jesús y la Virgen.
Una vez que el tiempo de expiar los pecados había pasado, un ángel descendía al purgatorio para rescatar al ánima y llevarla hacia la Gloria.

La creencia popular atribuía a la Virgen del Carmen la capacidad de “sacar” a las almas del Purgatorio. Para ello se necesitaba llevar el escapulario, y si se moría usándolo el alma sería liberada al siguiente sábado de su fallecimiento. Por supuesto que esto tenía que estar acompañado por una vida ejemplar, porque si se ponían
el escapulario únicamente para salir del purgatorio no tendría efecto.

Los pobres sufrientes no podían hacer nada desde su ubicación para mejorar su situación, así que todo dependía de la ayuda que podían obtener del mundo terrenal. Habían misas especiales generales donde se rezaba para que las ánimas terminaran con su penitencia lo más rápido posible. Y es que un alma podía acortar su tiempo de estancia en el purgatorio a través de obras pías, donaciones, y sobre todo misas. Era muy común en los testamentos de la época dejar cierta cantidad de dinero para la “celebración de misas por mi alma” ; los más acaudalados donaban sumas muy fuertes o bien establecían capellanías para que rezaran por ellos eternamente. Quienes comunmente realizaban tal servicio eran los Carmelitas, cuyo fundador, San Simón Stock había recibido la revelación del escapulario por medio de la Virgen.
También se podían comprar indulgencias, literalmente se pagaba para acelerar el proceso.
Aquellos que no eran tan afortunados rezaban por las almas de sus parientes, esperando acortar su tiempo de purificación. Se creía que una vez que estuvieran liberadas, dichas almas intercederían por los vivos con Dios. Durante el siglo XVII éste culto se propagó y llegó a ser muy fuerte. Los sermones respecto a las ánimas se realizaban los lunes a las ocho de la noche, en iglesias sumidas en la semi oscuridad, dictados por un sacerdote que recreaba, con habilidad casi teatral, el ambiente que se sufría en el purgatorio. Algunos fieles reportaron haber recibido visitas de las almas de sus parientes muertos, quienes les rogaban que hicieran tal o cual cosa para poder ser liberados y ascender al Cielo. La sugestión estaba a la orden del día en una sociedad para la cual no había una gran diferencia entre lo natural y lo sobrenatural.
Con el tiempo y la llegada del racionalismo en el siglo XVIII, poco a poco fue disminuyendo el poder del purgatorio en el ánimo de las personas. Sin embargo creo que aún quedan reminiscencias del culto a las almas, ya que ¿no abundan historias de fantasmas que no pueden obtener el descanso eterno por alguna razón, y vuelven a la tierra a completar una misión? Tal vez el pasado nos persigue.
![]()
El purgatorio suena como la versión de prueba de un producto: trae las puras funciones mínimas, no incluye soporte técnico y la interfaz es fea. La versión pro es más bonita y tiene las cosas que necesitas pero tienes que pagar por ella.
Si! es como el windows vista purgatory edition, la alternativa es el windows inferno rc, donde hay soporte técnico a manos llenas.