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Pues después de haber hecho todos los rituales necesarios, me encontraba finalmente ante el legendario examen, que tantos miles a lo largo de los años han calificado como extremadamente difícil, duro e  imposible de resolver.

La primera sección era de la matemáticas. En ella había ejercicios que claramente me recordaban los que yo había hecho en la secundaria y la preparatoria. Cosas como despejar, sistemas de ecuaciones con dos y tres incógnitas, trigonometría, hacer gráficas que acababan en parábolas e hipérboles, cálculo diferencial e integral, etc. Ejercicios en los que siempre saqué diez, sólo que ya me había olvidado cómo hacerlos, por lo que los omití.

Lo mismo me sucedió con los problemas de física. Claramente recordaba que en la preparatoria yo los habría contestado sabiéndome las fórmulas de memoria, pero después de tres años mi cerebro ya los había eliminado de su sistema, o al menos los había relegado a la parte más lejana de la cómoda más escondida de la habitación más oculta de mi materia gris.

En química y biología las cosas fueron un poco diferentes, porque no tenía idea de lo que me estaban preguntando en la primera y no me acordaba nada de la segunda, a excepción de qué era la ósmosis y un poco de genética.

Fue hasta que llegué a la parte de español que todo cambió. A partir de ese momento me puse a responder todas las preguntas sin dudar, porque eran bastante fáciles. Después de las analogías, la ortografía y la lectura de comprensión, seguimos con algo de literatura y luego pasé a las bienaventuradas  preguntas de historia y geografía, que al ser muy generales no presentaron grandes dificultades. También hubo una parte de filosofía, la cual versaba principalmente sobre ontología, que curiosamente era algo que estaba viendo en la UAM (quién sabe porqué).

Una vez respondidas estas cuestiones, regresé a lo que no había contestado y guiándome unas veces por seudorazonamientos lógicos, otras, medio acordándome de mis clases pasadas,  y las más dejándome llevar por el azar que me hablaba a través del “Tin marín de don pingüé” XD acompleté mi linda hoja de bolitas. Luego revisé las respuestas que sí me sabía, guardé mis cositas, me puse de pie y entregué mi examen. Creo que fui la primera o la segunda o a lo mucho la tercera. El que estaba cuidando me vio con algo de incredulidad, pero lo divertido eran las miradas de terror que me dirigieron mis demás compañeritos de odisea. Al retirarme  ellos sentían cómo el mundo se les venía encima, que su tiempo se agotaba, y sin duda de estarían imaginando que ya nada más faltaban como veinte minutos  para que los obligaran a regresar los cuadernillos, y ellos sin siquiera llevar la mitad de su examen. O tal vez les llegó la sensación de que yo era demasiado lista, mientras ellos eran muy tontos y por eso había sido de las primeras en salir. Pobres chicos, si supieran…

De regreso a casa me sentí de lo más despreocupada. Sinceramente no me cabía duda de que iba a pasar la prueba porque se me había hecho bien fácil. Tal vez le estaba dando demasiado crédito a ese examen, el que hice para entrar a la UAM era infinitamente más difícil, habían muchos problemas de lógica y razonamiento. Nunca olvidaré esa que decía “Si dos catarinas caminan en direcciones opuestas sobre lados opuestos de una banda de Moebius que mide x cm a una velocidad de x m/s ¿en qué punto de la banda y en cuánto tiempo se encontrarán?” y yo estuve fácil unos veinte minutos bien angustiada tratando de contestar esa maldita pregunta, llegando a dibujar a las catarinas a ver si me iluminaba. O el problema de las banderitas, o el del tinaco con un hoyo en el fondo, o el de las escuadras, o el de cuadrado-rectángulo-círculo-trapecio, y varios otros ejemplos más que fueron numerosos. Cuestionamientos que no tenían una fórmula ya establecida para ser resueltos mas que tu propia capacidad de raciocinio, a diferencia de lo que sucedía con éste examen de la UNAM, donde tan sólo te tenías que saber las fórmulas y cómo aplicarlas. Cualquiera que hubiera sido un alumno regular durante toda su vida y que hubiera estudiado en serio unos seis meses antes lo habría pasado, no es una cosa de genios sino de simple constancia. Obviamente esto funcionaría en un país con un sistema educativo eficiente donde los maestros de escuelas públicas no dieran sólo 4 ínfimas horas de clase ni los padres dejaran que Televisa educara a sus hijos, o donde el estado garantizara trabajos dignos y bien pagados para todos aunque tan sólo hubieran estudiado hasta la secundaria, para que los jóvenes no se precipitaran en manada a tratar de conseguir un lugar en una universidad pública cuya capacidad ha sido rebasada, con la idea de que tener una “licenciatura”  los va a sacar de pobres. Claro, en teoría.

Las semanas pasaron mientras yo era asediada por el morbo de vez en cuando. Al llegar el día consulté en internet y tal y como lo esperaba, había pasado. Para donde yo quería entrar se necesitaban 67 preguntas, habiendo yo obtenido la nada honrosa cantidad de 74.  En otras circunstancias me habría avergonzado, pero aquí no porque ahora tenía un lugar en la gloriosa UNAM sin siquiera haber estudiado. Yo creo que las preguntas de ontología fueron decisivas, finalmente por siete reactivos estaba dentro, y si no hubiera sabido algo de filosofía no las habría tenido.

Así fue como entré a la UNAM. Luego hice todos los trámites de rigor, hasta me vacunaron para la Hepatitis B, metí todos mis papeles, tuve mis primeras clases…y allí la puerca torció el rabo. Porque el Sistema de Universidad Abierta no era ABIERTA, sino que tenía que ir todos los viernes de 3 a 9 a que me atiborraran de información sin siquiera dejarme descansar un poquito. Era algo muy desgastante salir del servicio social o de la UAM AZC e ir hasta CU, tener 6 horas de clase con una de comida en una cafetería que por cierto, no cobra $2.50 por un almuerzo, y después  regresarme con toda la bola para llegar a mi casa a las 10…no estaba bien para mí. Aparte habían otros detallitos que no mencionaré, sólo que la UNAM y yo no funcionamos, aunque yo quiero y respeto mucho a la Máxima Casa de Estudios de nuestro país. De buena manera terminó nuestra relación…o no del todo, no me he salido completamente. Quién sabe…aún tengo 5 años para terminar O_O Además no deja de darme vueltas la idea de estudiar la Maestría en Historia del Arte en Estéticas, pero sí dudo con fuerza aventurarme a dar ese paso, si no me dan la beca no sé de qué viviré y aunque me apasiona el tema, presiento que el medio sería muy rígido para mí.

Esa fue mi narración acerca del romance de verano que tuvimos la UNAM  y yo. Es todo lo que tengo que decir al respecto, no me odien jajajaja.

Pobres ilusos...Pobres ilusos…

Corría el feliz año de 2006. En esos tiempos yo me encontraba a disgusto en mi carrera de Diseño de la Comunicación Gráfica en la UAM AZC. Me sentía fuera de lugar, sentía que era no era mi vocación. Por eso cada vez que podía leía libros de historia e investigaba sobre diversos temas de lo mismo; era una manera de “escaparme” de la realidad que no me gustaba dando cauce a mis intereses naturales, ya que desde pequeña esta disciplina me interesaba mucho. Luego un día se me ocurrió que sería buena idea hacer una segunda licenciatura, precisamente en Historia. Según yo era una decisión pensada que ya no podía esperar más, tal era mi interés por aprender, por volcarme en ella (ajá), por cambiar de ambiente, de las computadoras, el youtube y los videojuegos a los libros, las bibliotecas y los documentos antiguos. Sentía que era allí a donde yo pertenecía.

Después de consultar brevemente la información disponible, la única alternativa que tenía era la Licenciatura en Historia en Sistema de Universidad Abierta (SUA) en la UNAM, con sede en la Facultad de Filosofía y Letras en C.U. El centro mismo de las humanidades de nuestro  país, o al menos esa fama tiene. No ocultaré que yo me encontraba emocionada porque era algo completamente diferente a donde estaba estudiando , y en cierta forma, más afin al modo de vida que había llevado hasta entonces, completamente ñoño-ratón-de-biblioteca.

Mis padres me apoyaron aunque permanecieron escépticos. Cuánta razón tenían XD.

Como correspondía, hice todos los trámites de rigor. No me pregunten cuáles fueron porque ya se me olvidaron. Sólo es importante destacar que llevé el proceso en tiempo y forma, con gran dedicación y constancia, entregando documentos, sacando ficha, leyendo las instrucciones en internet, etc. Lo único que no hice fue estudiar; no estudié NADA a pesar de haberme bajado la guía oficial y haberla checado varias veces. Siempre lo dejaba para después, argumentando que no iba a ser tan difícil agarrar un buen ritmo en cuanto me aplicara de veras. La cuestión es que así me la pasé hasta el sábado anterior a la fecha del examen, cuando decidí abrir un libro de física para cerrarlo diez minutos después, admitiendo que no iba a recordar en una semana lo que había olvidado con tanto empeño durante tres años.

Me tocó hacer la prueba un caluroso sábado no sé de qué mes, creo que a mediados de año, a un colegio particular que estaba hasta Taxqueña. Llegué con mis dos horas de anticipación a formarme junto a una larga barda, entreteniéndome mientras llegaba mi momento en dibujar monitos sobre un folleto de escuela patito para rechazados que me habían entregado.Como era de esperar el ambiente se mantenía muy activo, a mi lado jóvenes inocentes platicando con sus padres que los acompañaban, o con sus amigos que también iban a hacer el examen, situación que siempre me ha dado algo de repelús porque ¿qué no son capaces de hacer sus cosas sin la bola?; y en fin, muchos otros solitarios que meditaban sobre su incierto futuro. Agreguemos los vendedores de plumas, lápices, sacapuntas, gomas, fólders,  y repartidores de instituciones tipo  ”SIMIuniversidades”  y tendremos el cuadro completo.

Al llegar la hora nos metieron a un salón decorado con recortes, abecedarios y demás parafernia educativa tipo escuela gringa. En ese momento todo mundo estaba en silencio, la tensión flotaba en el aire, yo observando despreocupadamente las caras de terror  de los adolescentes que me acompañaban, regocijándome en la tranquilidad que daba tener ya un lugar en una universidad pública (porque ni de chiste podríamos costear una particular). Claro que también sentí un ligero porcentaje de empatía; finalmente yo también había sufrido mucho en mi momento, había sudado frío y sentido que el mundo daba vueltas, mientras mis manos se congelaban y yo tragaba saliva. Ah, qué recuerdos.

Finalmente tuve en mi poder el cuadernillo y la hoja para rellenar bolitas. Finalmente pude constatar si el afamado examen de la UNAM era tan terrible, tan difícil, tan espantoso, tan endiablada, obscenamente complicado como mucha gente decía. El morbo por saberlo también había sido un motivo para enlistarme en todo ese proceso.

Y el examen era así…..

Mañana, no se pierdan la continuación de este valiosísimo post, donde les revelaré todo lo que ustedes quisieron saber acerca de la UNAM y yo, y claro, las respuestas del famoso examen.

ESTE POST NO TIENE QUE VER CON PLANTAS….CASI

Saben sus mercedes que yo siempre me esfuerzo por ponerles contenidos de calidad, no sólo la primera cosa que se me venga a la mente. Ya no hablo de mi vida personal porque no es muy interesante que digamos, nada de antros gay a las 4 de la mañana, autos, consejerías estudiantiles, grandes proyectos, etc,etc…respecto a lo que me gusta y lo que no, tampoco planeo excederme porque si no, me van a conocer sin siquiera verme en persona, y eso no suena muy divertido. Sin mencionar a los malvados Ojos que todo lo ven.

De todos modos les pongo un ridículo relato que se me ocurrió ayer por la mañana. Está relacionado con las próximas festividades, basado en personajes reales con una o dos liencias literarias.

——

Joel Roberts Poinsett era un personaje diabólico, oriundo de Carolina del Sur, donde debía de tener una plantación mantenida por esclavos negros. Era médico de profesión, botánico aficionado, curioso, ocioso y malvado, como ya dije anteriormente. El primer embajador plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica para México.

Podemos imaginarlo una límpida mañana de diciembre a mediados de la década de 1820, ataviado en una elegante y larga levita entallada, ajustados pantalones blancos, dos o tres chalecos cuadriculados y el cuello envuelto por un pañuelo tan azul como el cielo. Para rematar, un sombrero de copa. Y como era Norteamericano, un mondadientes danzando entre sus labios, porque a pesar de haber estudiado en las Europas y tener una profesión, lo gringo loco no se lo quitaba fácilmente.

Poinsett caminó esquivando los puestos de fritangas y garnachas, siempre abundosos en la Plaza Mayor de la ciudad de México. Penetró en el hostil y hediondo Palacio Nacional, donde algún ayudante militar con uniforme desvaído, los ojos rojos y el aliento insoportable debido a la parranda de la noche anterior, le conducía a través de solitarios corredores desgastados que habían conocido mejores tiempos.

Finalmente llegaron a un despacho privado. El ayudante se retiró, dando salida a los numerosos gases intestinales que lo acosaban, dejando a los dos hombres solos.El Presidente Guadalupe Victoria, vestido como Dios manda, de uniforme de botones dorados y hombreras de oropel con infinitos pelitos que danzaban de un lado a otro cada vez que se movía, le pidió amablemente que tomara asiento.

Poinsett no se hizo del rogar. Apenas había asentado sus posaderas en la desvaída silla de tercipelo rojo bordado, llevó la mano hacia el bolsillo de su levita, de donde sacó una gorda chequera. Luego desprendió una pluma de exótico faisán fucsia del extremo de su sombrero de copa para mojarla en el tintero de plata del presidente, adornado con un águila devorando una serpiente. Esbozó algo en la chequera antes de alzar los ojos, el mondadientes moviéndose de un lado para otro.

-Entonces, ¿cuánto querer por la mitad de su teritorio?

Podemos imaginarnos el gran esfuerzo que tuvo que realizar el Presidente Victoria para no sacar el sujeto a patadas de allí. En vez de eso optó por tener un ataque epiléptico. Poinsett suspiró, fue a buscar al ayudante medio ebrio, que trajo a un anciano doctor en no mejor estado. Hecho lo que creía su deber, guardó la chequera, limpió la pluma de faisán fucsia, se la colocó en el sombrero de copa y salió a la calle.

Victoria era un buen tipo, pensó. Sólo que un poco tocado, después de haber vivido como ermitaño en una cueva de la selva de Veracruz por algunos años, escondiéndose de los realistas. Eso no debió haber sido muy divertido.

Poinsett volvió a esquivar los puestos de fritangas, su estómago revuelto al oler el tufo de grasa a esas tempranas horas del día. Caminaba pensativo; no sería la última vez que lo intentaría. Seguiría al presidente a palacio, a su casa, a los bailes, a las cenas, al mercado y a la letrina, si fuera necesario. Mientras tanto se entretendría en intrigar, dividir, fundar logias masónicas, amarrar navajas entre los mexicanos y enfrentarlos, porque para eso lo habían mandado.

De todos modos, los Estados Unidos de América, Dios los bendiga, tendrían tarde o temprano ese pedazo de tierra. Por las buenas o por las malas.

Estaba pues en esos pensamientos nuestro amigo, cuando de la nada una piara le atacó. En realidad no la había escuchado venir por las polvosas calles de la ciudad, arrollando en su andar los puestos de frutas y pulque, así como infinidad de cristianos. Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue un peludo hocico de un monumental cerdo rosado.

-O-

Al despertar arrumbado junto a una pared maloliente, notó con tristeza que ni la chequera, ni la pluma de faisán fuscsia, ni el sombrero de copa, ni el pañuelo, ni media levita, estaban con él. Algún lépero estaría en ese momento disfrutando de ellas. Suspiró resignado, así eran las cosas por allí. Lo bueno es que la chequera era falsa, un engaño hecho a propósito para tentar al presidente Victoria. Ni que fuera tan tonto para sacarla por allí.

Estaba ajustando su visión doble cuando entonces ella apareció ante sus ojos. Se encontraba allí, rozagante, fresca y coqueta, descansando en un jardín al otro lado de la calle. Lucía magnífica entre el polvo que la furiosa piara había dejado. El amor nació en ese mismo instante.

Poinsett no lo dudó. Miró a su alrededor; sólo habia aturdidos hombres y mujeres mareados por el atropello y por el pulque. De un sólo salto se acercó al jardín, tomó a la bella que le había robado el corazón con firme delicadeza, y salió corriendo de allí.

Nadie nunca se enteró, o más bien el importó aquel rapto. La acomodó en su casa, donde la veía por horas. La tenía a su lado cuando no se encontraba intrigando. Era tanto el amor que por ella sentía, que no dudó en llevársela a los Estados Unidos de Norteamérica, Dios los Bendiga, donde la pesumió con la intelectualidad de aquellos lares. Sus amigos, conocidos y parientes no dejaban de admirarla.

Poinsett fue muy feliz con ella. Por eso la compartía con todos. No podía dejarla en secreto. Si querían que se las pestara, la prestaba. A lo largo de los años, bajo su cuidado, tendría una prolífica descendencia, cuyos descendientes ahora se encuentran en muchas casas alrededor del mundo.

Esta es la historia de cómo Joel Roberts Poinsett, médico de profesión, botánico de corazón e intrigante profesional, sacó a la Euphorbia pulcherrima conocida en náhuatl como cuitlaxóchitl (planta de estrella) del anonimato para deleite de este geoide planeta. Especialmente los gringos le tienen tanta adoración, que el 12 de diciembre es su día oficial.

Curiosamente, aquí la conocemos como flor de Nochebuena. En muchas otras partes del mundo, se le llama Poinsettia .

“Qué ironía” se dijo un gordo lépero, que ataviado con media levita azul, un pañuelo del mismo color y un sombrero de copa, escribía cheques falsos en una chequera ídem con una pluma de faisán fucsia.

Cuando acabó de estafar a los inocentes pastorcitos que iban a Belén,se fue a la pulquería más cercana a ponerse borracho.

FIN

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By zeziliastrangelo
—————–

Como advertí, este cuento tiene demasiadas licencias y jaladas literarias. Pero es cierto que Poinsett la introdujo a los Estados Unidos, que ese es el nombre de la planta en náhuatl y latín, y que existe el día Nacional de la Poinsettia.

Y lo de la cueva, también.

Porqué Mr. Darcy es el mejor hombre del UNIVERSO

Escrito Hoy a las 00:35 por sazuka

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Estaba muy aburrida esta noche de domingo de puente, así que para no ponerse EMO, mi cerebro ha decidido divagar por derroteros más agradables.

¿Quién es Mr. Darcy? Él es el protagonista masculino de la novela de Jane Austen, “Pride and Prejudice” (Orgullo y Prejuicio). No hablaré mucho de Jane Austen,sólo que es una muy famosa escritora británica que produjo seis novelas importantes a principios del siglo XIX. Lo que caracteriza a sus obras es la temática: mujeres pertenecientes a la clase media inglesa que sólo tienen una opción, el matrimonio, y su búsqueda de esposos. Aunque la autora presenta las situaciones por lo general en un tono semi-cómico y sarcástico, no por eso dejan de ser desesperadas, ya que en aquellas épocas quien no se casaba corría el peligro de terminar de arrimada en la casa de algún familiar más afortunado, viviendo de su caridad. Aparte de que corrían el peligro de perder “su honor” y eso las alienaba todavía más de la sociedad.

El problema que tienen la mayoría de las heroínas de Austen es que a pesar de que son jóvenes educadas, leídas y sensibles, no poseen grandes dotes o apellidos nobles que les permitan abrirse paso en un mundo de falsedades, banalidades e hipocresías. Es a través de muchas vicisitudes, malentendidos, problemas más o menos graves, que logran casarse con personajes no sólo ricos, sino también inteligentes, respetuosos, sensibles, heroicos, etc.

Pride and Prejudice es mi novela favorita. Su estilo es rápido y cómico, los chistes son ingeniosos, el argumento es más o menos interesante y sobre todo, los personajes son dignos de recordar. Allí está todo mundo: la muchacha guapa que todo mundo ama, la mamá histérica e ignorante, las hermanas resbalosas, la vecina histérica, el sujeto baboso, etc.

Todo comienza con la llegada a Netherfield del rico Mr. Bingley y un grupo de amigos. Esto pone sobre aviso a la familia Bennet, del vecino estate de Longbourn. Mr. Bennet, un gentleman local (gentleman, significando que era un personaje que posee tierras y por lo tanto no está en la necesidad de “trabajar” propiamente dicho, como los comerciantes) tiene cinco hijas, a las cuales no puede darles una dote decente ya que nunca se preocupó por conseguir más ganancias. Lo peor del asunto es que cuando él se muera, su propiedad pasará a manos de un primo lejano que las echará a todas de allí. Por eso que Mrs. Bennet, una mujer ignorante e histérica, que desconoce el significado de la paalabra discreción, hace todo lo posible para casar a sus hijas a cualquier costo.

Obviamente cuando Mr, Bingley llega, ella pone todas sus esperanzas en el pobre hombre, el cual es amistoso como un cachorrito. Él rápidamente se enamora de Jane, la mayor de las hermanas, que es dulce, bella y perfecta.

Bingley tiene un amigo llamado Mr. Darcy, que es el doble de rico que él, alto y guapo. Pero pronto es despreciado por la sociedad local, ya que es arisco, aislado y arrogante rozando la grosería. Sobre todo Elizabeth (Lizzy) la segunda de las Bennet le agarra un odio jarocho especial por ciertos comentarios hacia su persona que no fueron muy caballerosos. Este odio sólo va creciendo en sus siguientes encuentros, y es mutuo. Lizzy es una muchacha diferente a las demás, apasionada de los libros, un tanto impertinente y extremadamente ingeniosa, con inteligentes comentarios, defensora de sus opiniones, y de su familia (aunque esta sea de lo más disfuncional).

No los aburriré, el caso es que poco a poco el odioso Mr. Darcy se va transformando. A lo largo de la novela se descubren sus motivos, él mismo también va evolucionando, termina haciendo cosas realmente heroicas, todo por el amor que le tiene a Elizabeth, con quien al final se casa desafiando todas las convenciones sociales. Viven felices para siempre.

Ahora que ya están más familiarizados con el personaje, he aquí mis razones para considerarlo EL HOMBRE MÁS GUAPO DEL UNIVERSO.

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1.- Es alto, guapo, bien formado y rico. XD

2.-Es elegante y sobrio, además de culto. Tiene una enorme biblioteca en Pemberley, ya que le gusta la lectura.

3.- No nació con el don de la socialización, de sentirse a gusto con extraños. De hecho, detesta las reuniones sociales, que se le hacen de lo más insoportables ya que agregamos el factor de su riqueza, lo cual lo hace presa fácil de todas las señoritas ambiciosas y huecas que desean ser su esposa. No ha tenido más remedio que el de ponerse la máscara de frialdad arrogante para que lo dejen en paz.

4.- Es una persona introvertida, que prefiere reservarse sus propios pensamientos y sentimientos. El silencio es su mejor amigo.

5.- En compañía de gente de confianza, es una persona completamente diferente. Todo mundo atestigua que es alguien muy agradable, afectuoso, atento y entretenido.

6.- Se preocupa de ayudar a los pobres, débiles y necesitados sin esperar nada a cambio. Trata con especial cuidado a aquellos cuya situación es mucho más desafortunada. Sus sirvientes lo adoran por ser un buen señor.

7.- A pesar de lo que pudiera manifestar su exterior, es un hombre muy apasionado. Sólo que no puede manifestarlo con facilidad.

8.- Es capaz de arriesgar todo; reputación y vida con tal de proteger a los que él ama. Sin importarle a quién se lleve entre las patas, la felicidad, el bienestar de sus seres queridos es lo más importante para él.

9.- Nunca podrán encontrar nadie más leal, más noble y recto, caballeroso (en la práctica, cuando no se pone su máscara) que Mr. Darcy

Sin embargo, si fuera perfecto sería muuuy aburrido, aquí que también tenemos sus fallas:

1.- Como él mismo admitió, es un supremo egoísta en la práctica, aunque no en principios. Se le fue inculcada la lealtad a toda costa, pero sólo hacia aquellos a quienes quiere, por lo cual para él, toda la humanidad se puede ir al carajo. Un ejemplo muy claro es cómo se las arregló para separar (temporalmente) a Bingley de Jane, sin importarle un comino si esta interferencia hacía infeliz a la dama o a su amigo, aunque él dijera que lo hacía por su bien.

2.- Cree que únicamente lo que él piensa y cree es la única verdad sobre el Universo. Los demás son idiotas ante sus ojos.

3.- Se adhiere plenamente a los prejuicios sociales existentes, a pesar de que él mismo está consciente de la hipocresía de aquellos que lo rodean. Es muy cuadrado y no admitirá otra forma de pensar…eso, hasta que conoce a Elizabeth, a quien le debemos el cambio en su manera de ser, si bien el caballero siempre ha sido en el fondo buena persona.

4.- Se dice que él representa al “Orgullo” en el título del libro, ya que se encuentra plenamente consciente de su “superioridad” social y a la vez moral. Juzga y clasifica a todos aquellos que no actúan según lo que él considera es correcto, sin ponerse a pensar o comprender las causas que los hacen ser así. Asímismo no cree que esas personas valgan la pena o tengan alguna buena cualidad, una vez más, son bichos inmundos ante sus ojos. XD

5.- Es muy cuadrado. Dice que su buena opinión, una vez perdida, ha sido perdida para siempre. Su mundo se basa en buenos valores, pero es demasiado estricto al aplicarlos.

6.- Tiene los estándares muy altos (en todo),no sorprende que se aburra. Busca demasiadas cosas y personas perfectas, pero nunca las va a encontrar.

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En pocas palabras, Mr. Darcy es un antisocial como yo. Por eso me cae tan bien.

Lo malo (y bueno) es que él no existe en la vida real, así que por siempre podremos suspirar por un Mr. Darcy ¿Encontraré alguno así en mi vida? Lo dudo mucho. Y tampoco creo que conozca alguna vez a un Lizzo Bennet.

Ese que ven aquí es Colin Firth, quien interpretó a Mr. Darcy en la miniseria de la BBC en 1995. Hubo una película con Keira Knightley y un fulano en 2005, pero para mí Firth siempre será el único e inigualable Mr. Fitzwilliam Darcy of Derbyshire.

Dibujines

Muy ociosos.

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Alrededor de 1785…

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Alrededor de 1680…

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Estilo de 1830 a 1835, aproximadamente.

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El sujeto es un estirado inglés que vino a México en contra de su voluntad, y no puede evitar rendirse ante los encantos de su anfitriona, quien no tarda en embriagarlo con chinguirito (bebida muy popular hasta el siglo XIX).

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Un indígena ebrio que se le aparece al estirado inglés cada vez que abusa del chinguirito.Empero su beoda condición, el natural de estas tierras da sabios consejos.

Si todo mi conocimiento de historia de la moda sirviera para algo, yo creo ya tendría dinero. Pero, pues no.

Patriotismo No barato II

En fin, que nos habíamos quedado en que al terminar el 13 de septiembre de 1847 los gringos se encontraban ya en el umbral de la ciudad de México, habiendo derrotado a los mexicanos (aunque no con pocas bajas) en las batallas de Padierna, Churubusco, Molino del Rey y Chapultepec. Además hubo un difícil combate para tomar las garitas de la capital.

Mi general Santa Anna había decidido en consejo de guerra en La Ciudadela, a donde se habían replegado el resto de las tropas, que ya no valía la pena someter a la ciudad de México a los trabajos de la defensa y que ordenaba de inmediato evacuar la plaza. Habían salido en desorden al amparo de la noche rumbo al pueblo de Guadalupe Hidalgo, La Villa.

A la una y media de la mañana del 14 de septiembre una comisión formada por miembros del Ayuntamiento de la capital se encaminó valientemente hacia Tacubaya, donde estaba el cuartel del general Scott. Iban a pedir garantías para su ciudad, dado que el presidente de la república no les había dejado más órdenes de que le hicieran como pudieran.

Llegaron a eso de las cuatro al campamento norteamericano. Llevaban una capitulación donde decían que se rendían pero de mala gana, y una serie de puntos que esperaban los gringos se comprometieran a seguir; puntos que en resumen estipulaban que los invasores se sujetarían a las leyes mexicanas. Scott se negó rotundamente a firmar cualquier documento pero juró por su honor que respetaría las vidas y bienes de los mexicanos.

Muy temprano el mismo Scott entró a México con una buena parte de sus hombres, los cuales ocuparon la Plaza Mayor. Les observaban desde las ventanas, los zaguanes entreabiertos, las calles aún oscuras, cientos de ojos asustados e incrédulos que no podían aceptar lo que estaban viendo. Finalmente los yankees, que tal lejanos parecían, estaban frente a sus narices.

Poco antes de las siete de la mañana un soldado americano ondeó la bandera de las barras y las estrellas sobre la estructura de una estatua que nunca se construyó (el Zócalo) siento imitado por otro que hizo lo mismo desde lo más alto de Palacio Nacional, donde poco después se izó el lábaro estadounidense. Para entonces ya había amanecido y los ojos curiosos habían salido de sus escondrijos para situarse anonadados, un tanto furiosos, en las calles que antes habían sido suyas.

Cuando el general Scott apareció en el balcón para pronunciar algunas palabras, la multitud empezó a gritar toda clase de improperios e insultos, alzando los brazos amenazadoramente, agitándose.

Mientras tanto dos columnas, una lidereada por el general Worth y otra por el general Quitman entraron en la ciudad. Esta última es la que nos interesa. Se dirigía a la Plaza Mayor por la calle de Plateros (hoy Madero) cuando a la altura del callejón de López (¿? changos, y yo antes me sabía cuál era el callejón de López) una bala anónima, dirigida a Worth, impactó a uno de sus subalternos en la pierna. Los gringos de forma imprudente se metieron con violencia a la casa desde la cual creyeron había salido el tiro, castigando a sus habitantes. Y este fue el inicio de todo.

Como si se tratara de una señal aquellos mirones, gente común y corriente como nosotros, aterrorizada, furiosa, frustrada y enloquecida, se lanzó con sanguinarios instintos sobre los yankees, acorralándolos con la sorpresa. Rápidamente el alboroto se extendió y de todas partes comenzaron a salir mexicanos, de las casas, de los zaguanes, de los callejones, de las esquinas y plazas. Armados de palos, piedras, machetes y uno que otro con pistolas o fusil, cayeron sobre los americanos en un acto de defensa que nadie hubiera esperado de los capitalinos.Porque los habitantes de esta noble urbe en más de trescientos años sólo habían dado unas cuantas sorpresas al amotinarse contra virreyes, mientras que en los pocos años de vida independiente se habían limitado a suspirar cada vez que aparecía un pronunciamiento que obligaba a que dos bandos contrarios se bombardearan en medio de la ciudad.

Quién sabe qué fue. Tal vez fue patriotismo, tal vez fue odio, tal vez fueron patadas de ahogado, intentos desesperados de salvar sus vidas y bienes. De las azoteas de las casas llovían los adoquines que se habían mandado quitar semanas antes, así como piedras. En las calles se improvisaron barricadas, de la nada se formaron pequeños grupos conformados por licenciados, comerciantes, catrines, cargadores, artesanos y gente del pueblo en general que seguían espontáneamente a anónimos enardecidos portando banderas rojas, o negras, o incluso calzones de gringo ensangrentados.

Estos ciudadanos se les lanzaban encima con sus machetes o sus palos, los tiraban a pedradas de los caballos, les disparaban desde el anonimato y la protección de los edificios aledaños, desde las habitaciones de sus esposas, desde las entradas de sus comercios, al amparo de alguna fuente o zagúan que les sirviera como refugio. Vaguitos y muchachitos sin temor alguno se le encaraban a los americanos, retándolos y engañándolos, apedreándolos o echándoles cohetes.

Las mujeres derramaban agua hirviente desde sus balcones, o pedazos de loza, macetas, sus platos y tazas, cualquier cosa que encontraran incluyendo muebles que se iban a despedazar contra la calle descalabrando yankees. Otras tantas mujeres llevaban mensajes, agua, alimentos o municiones a los improvisados que combatían o bien abrían sus casas a los heridos. Y no faltaban las muchas que enfurecidas por la muerte de algún hijo, esposo, padre o hermano se salieran a la calle sin nada en las manos, acorralando gringos, echándoseles encima llenándolos de arañazos.

Frailes y sacerdotes arremangándose los hábitos, a pie o a caballo, en un brazo un estandarte de la Virgen y en el otro un cuchillo, palo o pistola, iban de un lado para otro en medio de la refriega gritando “¡Viva México!” a lo que sus fieros feligreses respondían con un “¡Viva!”

Las familias acomodadas colgaron de sus balcones banderas blancas, o de nacionalidades diferentes esperando hacerse pasar como ingleses, franceses o españoles para evitar el saqueo. Pero esto no le importó mucho a los yankees que de cualquier modo no dejaron de meterse en muchas casas para matar al padre, violar a la hija y pillar todo lo que pudieran. No fue esta conducta la de los oficiales y cuerpos regulares, sino la de los voluntarios que eran numerosísimos, gente bruta que se había enrolado por aventura o por codicia. Fueron estos voluntarios los que mayores disgustos causaron durante la guerra y la ocupación, pues nada respetaban, no conocían el honor sino sólo sus impulsos. Ellos mataron gente y persiguieron a los defensores, que escapaban junto con sus familias por las azoteas.

Por todas partes había escaramuzas, combates cuerpo a cuerpo, gringos despojados de todo y despedazados por nuestros compatriotas, así como mexicanos mutilados o moribundos que habían sucumbido ante las balas.

Cuando cayeron las tinieblas terminaron las revueltas. Las calles estaban llenas de muertos que nadie quería recoger por el puro miedo. Se escuchaban los gemidos de los heridos, en cada patio el llanto de aquellos que habían perdido un familiar o un amigo. Los sobrevivientes, hombres, mujeres,niños y ancianos encerrados en su hogares, no cenaron porque ninguna tienda había abierto sus puertas. Nadie quiso encender una luz, la ciudad de México estuvo a oscuras. Así transcurrió esa noche triste.

Apenas al amanecer el 15 de septiembre de 1847, el caos retornó. Tal vez convencidos de que la resistencia del día anterior habría de conmover a Santa Anna, quien estaba en Guadalupe Hidalgo, los capitalinos volvieron a las andadas. A las pedradas, los machetazos, los tiros de fusil, las emboscadas, el agua hirviendo.

Los ánimos se encendieron cuando en el transcurso del día corrió el rumor de que Santa Anna estaba a punto de volver. La llegada de un destacamento de dragones que fue despedazado por los norteamericanos parecía confirmar dicha idea. Los mexicanos esperaron una fuerza más numerosa pero esta nunca llegó.

El Presidente había sido efectivamente informado de que una resistencia espontánea se había llevado a cabo en la ciudad, pero al dirigirse a Peralvillo para evaluar la situación, dijo que se habían escuchado pocos disparos, insignificancias por las cuales no valía la pena molestarse.

Los yankees estaban furiosos y sorprendidos por lo que se habían encontrado. Una voz americana dijo que “los mexicanos celebraban bien su independencia”.

Así fue que el 15 las escenas del día anterior se repitieron. Pero a medida que menguaba el día, también empezaron a apagarse las energías de los defensores. Saber que el Presidente de la República, estando tan cerca no había hecho nada, fue desmoralizante. También ayudó un mensaje que había amanecido pegado en los muros de la ciudad, escrito por el alcalde de la misma, donde instaba a sus compatriotas a terminar con esa barbarie ya que no podía ofrecerle garantías a los gringos y por consiguiente Scott estaba amenazando con entregarla al pillaje (si ese no era pillaje, nada más imaginarse cómo sería el real pondría los pelos de punta a cualquiera…). Aparte recordemos que este era un movimiento espontáneo, sin organización, hecho por gente que estaba desesperada y realmente no sabía lo que hacía, mientras que las clases leídas y escribidas, aquellas capaces de darle rumbo prefirieron sentarse a esperar.

Lentamente los que quedaban vivos se metieron a su casas agujereadas por la metralla o los cañones; los que pudieron recogieron a sus muertos y heridos; los demás con ese suspiro característico cerraron sus zaguanes y volvieron a las sombras una vez más.

La noche del 15 al 16 transcurrió como la anterior, a oscuras, con hambre y lágrimas. No hubo ni gritos ni celebraciones ni ganas de hacerlo.

El 16 tuvo un amanecer sobre el Valle de México coronado con la bandera de los Estados Unidos de América ondeando sobre Palacio Nacional. ¿Qué humillación, qué frustración, que coraje y vergüenza habrán sentido los mexicanos, y los capitalinos en especial?Es difícil saberlo, pero alguna idea nos haremos al pensar que 161 años después este es un hecho que aún nos causa indignación, y a muchos los pone furiosos. Porque fue una guerra injusta, hecha por una nación que se aprovechó de las debilidades de otra. Y tal vez lo que de más coraje es que todo pasó por nuestra propia idiotez. A qué extremo se llegó que el que más arriesgó, se esforzó y puso todo en esta guerra fue el propio Santa Anna. Porque no hay que echarle la bola al bribón ese; para aquellos tiempos ya todo mundo sabía cómo era pero prefirieron dejarle la bronca a ver cómo la resolvía. ¿Quiénes fueron peores, él o los que lo llamaban para que les resolviera los problemas, liberales y conservadores?

Examinen a don Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón para encontrar todos sus defectos y virtudes y verán que es el perfecto mexicano, pero exagerado. Igual por eso a muchos les cae mal, no es más que un reflejo de sí mismos.

Esta es la increíble y triste historia de la defensa espontánea de la ciudad de México que realizaron sus habitantes, el 14 y 15 de septiembre de 1847. Un relato que bien valdría la pena contarle a todo el que se dejara, para que vean que la historia no sólo la hacen los señorones con nombre de calles sino también los anónimos como nosotros, esperando a formarla.

———

PD. 1. Sí, Juan Nepomuceno Almonte hijo de Morelos fue siempre un personaje con tintes conservadores, allegado a Santa Anna. Incluso llegó a ser Regente del Imperio Mexicano en tiempos de Maximiliano, pero esto nadie lo dice.

PD.2. La guerra contra Estados Unidos fue para ese país el primer gran conflicto llevado a cabo fuera de su territorio, su primer gran invasión. Allí se probaron jóvenes militares que después serían grandes estrategas de la Guerra Civil.

Los voluntarios cochinos y brutos que durante la ocupación violaron templos y se metían a las pulquerías serían de los primeros Marines en probar fuego enemigo a gran escala. Por si les quedaba duda he aquí la primer estrofa de su himno actual, el que cantan hoy en día en este momento

From the halls of Montezuma,
To the shores of Tripoli;
We fight our country’s battles
In the air, on land, and sea;
First to fight for right and freedom
And to keep our honor clean;
We are proud to claim the title
Of United States Marine.

Pues eso es todo, la ocupación es otro costal de harina bastante interesante, pues los gringos estuvieron diez meses en esta capital. Pero esa es oootra historia.

No recuerdo unas celebraciones patrias tan tristes y negras como las de este 2008. Probablemente las ha habido peores, más tristes y miserables, pero en mi corta vida jamás había sentido un estado de ánimo tan, pero tan disminuído.

Sin embargo recordé que en nuestra historia hemos enfrentado días muy, muy aciagos, que han sido los más, y entre estos no se exceptúan aquellos que cayeron en las “fiestas patrias”.

Fiel a mí misma no me pude aguantar a poner una entrada en este blog acerca de algún tema histórico. Lo más lógico es que hubiera elegido algo acerca de la Independencia, pero la verdad no soy muy estudiosa en ese tema. Claro que si quieren chismes, les diré que Hidalgo era bastante aficionado a los libros prohibidos y a la picardía, la Corregidora era una mujer guapa a quien le hacía ojitos Allende, y nuestro héroe Morelos tuvo un hijo ilegítimo, Juan Nepomuceno Almonte, a quien envió a estudiar a los Estados Unidos y terminó siendo un catrinzote de primera.

Pero regresando a lo que iba a tratar, había mencionado que días malos hemos tenido muchos. Y para muestra os hablaré de lo que pasó en el desgraciado año de 1847, cuando la ciudad de México, saliendo de su ensimismamiento, se lanzó a defender a sangre y fuego lo que le quedaba de dignidad.

En septiembre del año de 1847 la guerra contra los Estados Unidos estaba a punto de llegar a su fin. Militarmente hablando. Los gringos habían hecho mucho daño tratando de llegar por el norte con tropas al mando del general Taylor. Pero como ya estaban hartos se mandó una segunda fuerza al mando del General Winfield Scott para que llegara por Veracruz y de allí directo a la capital. Los norteamericanos fueron eficientes, tomaron Veracruz, vencieron en Cerro Gordo (cerca de Jalapa) y luego entraron a Puebla sin disparar un sólo tiro ya que la ciudad estaba aterrorizada y prefirió abrir sus puertas a los invasores antes que sufrir estragos en sus aristocráticas fachadas.

Los primeros días de agosto los yankees abandonaron Puebla. El día 9 las campanas de la Ciudad de México tocaron a rebato, mientras el ejército tocaba la generala y las fuerzas militares, así como los cuerpos de voluntarios se pusieron en movimiento. Los aterrorizados ciudadanos eran así informados que el enemigo emprendía su marcha final sobre el Valle de México. Se dieron las órdenes de quitar los adoquines de las calles y llevarlos a las azoteas de las casas; se construyeron barricadas en las calles. A partir de ese día quienes pudieron salir de la ciudad lo hicieron, mayoritariamente los más ricos.

Los demás habitantes, la gente común y corriente como lo somos nosotros en estos días, no tuvieron más remedio que esperar en medio de la incertidumbre.

La defensa de la capital se vio plagada de ineptitudes, envidias y malas leches. Por eso es que en la batalla de Padierna, del 20 de agosto,estando el ejército mexicano dividido en dos partes, una a cargo del general Santa Anna y otra al mando del General Valencia, ninguno de los dos próceres quiso ir en auxilio del otro.Tiempo después Santa Anna dijo que Valencia era un mezquino que pretendía su derrota para quedarse él con el poder. Valencia por su parte aseguró que Santa Anna no le había querido prestar auxilio porque era un envidioso celoso quien creía que si se conseguía la victoria por medio de su intervención, este iba a utilizar su popularidad para sublevarse después.

Por eso es que en la famosa Batalla de Churubusco del 20 de agosto, nadie hizo nada y la guarnición apostada en ese lugar, constituída mayoritariamente por las llamadas Guardias Nacionales (burguesitos, comerciantes y profesionistas voluntarios) y el infortunado Batallón de San Patricio,tuvo que arreglárselas como pudo. En determinado momento, a ver las municiones que les habían sido enviadas, notaron con horror que esas no eran del calibre que necesitaban. Después una bomba cayó en el depósito de pólvora y todo terminó. Fue al final de esta batalla cuando el general Pedro María Anaya, encargado de la defensa del Convento pronunció su memorable frase “Si hubiera parque, no estaría usted aquí”.

Luego vino un armisticio sugerido por el propio Scott ya que los yankeees habían sufrido terribles bajas. Desde su cuartel en Tacubaya se pactó una tregua esperando que se diera paso a negociaciones para establecer la paz.

La tregua no duró mucho.No sólo por las fallidas negociaciones. También porque al ir a abastecerse los carros de los norteamericanos a la ciudad de México, como indicaba el armisticio, la multitud furiosa los apedreó y les mató a tres carreteros.

El 8 de septiembre las hostilidades se reanudaron en la Batalla de Molino del Rey, lo que es Los Pinos hoy en día. Se batieron con denuedo entre las balas, y tal vez las cosas hubieran sido un poco diferentes si el general Juan Álvarez, cacique del sur y viejo insurgente, en ese momento al mando de toda la caballería, hubiese ordenado una carga mortífera sobre los gringos. Pero sólo se limitó a ver todo desde un cerro sin nunca mover un dedo. Así se perdió Molino del Rey.

La siguiente fue Chapultepec. Desde el día 12 los yankees se dedicaron a bombardear el cerro y las fortificaciones que allí se habían levantado. El día 13, ni tardos ni perezosos, se lanzaron al ataque. Fue difícil pero no imposible; para defenderlo sólo estaba el general Bravo, otro insurgente, con sus hombres, mas el triste batallón de San Blas al mando de Santiago Xicoténcatl y los catrincitos alumnos del Colegio Militar, los más ya por los veinte años. Fueron verdaderos héroes no porque seis de ellos se hubieran muerto y uno quesque aventándose envuelto en la bandera, cosa que no es más que una vil patraña que se inventó el PRI para vender patriotismo barato, sino porque días antes se les ordenó que se fueran a sus casas, y no quisieron. Prefirieron quedarse a defender a su Patria, con todo lo que esto implica

Los gringos subieron por la rampa, aniquilaron al Batallón de San Blas en una gran carnicería, pelearon con los del Colegio y finalmente bajaron la bandera que ondeaba en el asta y se la llevaron, para no devolverla sino unos cien años después. Tomaron prisioneros a los cadetes sobrevivientes, entre los que destacó un muchachito de 15 años de nombre Miguel Miramón, quien luego sería el principal general del bando conservador.

Una vez que las barras y las estrellas ondeaban en Chapultepec, se dio la orden de que 36 irlandeses del Batallón de San Patricio, hechos prisioneros en Churubusco, fueran ahorcados. Los habían tenido con las sogas al cuello durante toda la acción para que vieran cómo eran despedazados aquellos por quienes habían peleado.Que por si no lo sabían, los de San Patricio eran irlandeses que en un principio habían luchado del lado norteamericano, pero que convencidos de que era una barbaridad hacerle la guerra a una nación católica como ellos, así como muy interesados en las supuestas tierras y dinero que el gobierno mexicano les había prometido, se cambiaron de bando. Pobres.

Pero ahora había que terminar la acción, así que los americanos avanzaron hacia la ciudad dispuestos a todo. Se lanzaron a la carga por las calzadas de la Verónica y la calzada de Anzures, con el objetivo puesto en la toma de las garitas de la ciudad. Fueron las de San Cosme y las de Belén las que sufrieron las más sangrientas luchas. Los miembros de las Gurdias Nacionales que aún quedaban así como gente del pueblo y por supuesto soldados, animados por mi general Santa Anna que iba de un lado a otro despreciando las balas, ofrecieron resistencia pero al final no pudieron con las superiores fuerzas del ejército norteamericano. Al caer la noche todas las garitas estaban tomadas.

El resto del ejército se replegó a la Ciudadela donde un consejo de guerra tuvo lugar. Santa Anna decidió que era mejor abandonar a la ciudad de México, porque según él ya no valía la pena efectuar una resistencia que haría sufrir a la capital. Los soldados y pertrechos salieron en marcado desorden hacia Guadalupe Hidalgo, La Villa.

Los ciudadanos comunes y corrientes, como nosotros, aterrorizados e incrédulos, nerviosos por todo el cañoneo que había estado aproximándose día con día a sus hogares, observaron enmudecidos aquella retirada. Tenían miedo. De las batallas anteriores habían llegado temibles reportes de carnicerías y lamentables bajas, que se veían confirmadas por el desfile cada vez más nutrido de heridos y mutilados. Entonces se dieron cuenta que en realidad ya estaban a la buena de Dios.

Pero si creían que no podíamos estar más mal…se puso aún peor. Esto lo leerán en la siguiente entrega, porque esta ya estuvo muy pesada. Así sabrán cómo fue que los capitalinos celebraron su independencia. Creánme..les va a gustar.

PD. Sí, así es. Nadie, nunca, jamás en la vida ni por toda la eternidad, se envolvió en la bandera mexicana en la Batalla de Chapultepec y se aventó al vacío. Nadie, nadie, nadie. No hay testimonio de la época, ni gringo ni mexicano, que lo confirme. Eso, como el Pípila, es una vil y asquerosa mentira. NO ES CIERTO.Si tienen hijos, hermanitos, sobrinitos, primitos, etc,etc, NO LES ENSEÑEN ESA SARTA DE MENTIRAS. No sigamos con la espiral de patrañas inventadas por una bola de embusteros

Mi salud en la mugre, II

La razón por la cual escribo esta entrada es que hoy no fui a trabajar gracias a otra molesta infección gastrointestinal. La diferencia es que ahora sí me sentía tan mal en la mañana, hasta con fiebre, como para abandonar mis deberes laborales.

Cabe destacar que desde hace unos cuantos meses me la paso enferma, quién sabe porqué será Yo creo que por el bajón emocional causado por gente idiota e irresponsable….

Pero mejor sigamos con esta emocionante historia. Los había dejado en que un triste y fatídico domingo de septiembre de 1995 estaba toda cianótica, sin poder respirar y llena de flemas.

A lo que procedió el doctor en esa ocasión fue a mandarme directamente al hospital, ya que no tenía otra salida. El que tuvieron que elegir mis padres porque no había de otra fue uno del ISSSTE. Ignoro si les caí bien a los de urgencias o de veras me vieron bien mal, con mis costillas todas hundidas al respirar, el hecho es que salté una enorme fila de enfermos que tan desesperanzados estaban de pasar pronto que ya se habían traído hasta las cobijas para pernoctar en el suelo de la sala.

Rápidamente me ingresaron y allí una enfermera gorda y nada agradable procedió a inyectarme el trasero con un líquido misterioso que dolió hasta los infiernos y me entumeció la pierna. Luego de ello procedieron a darme inhaloterapia.

Ahh, la inhaloterapia. Qué agradable sensación. Una mascarilla como las que salen en la tele despide un vapor cargado, creo yo, de medicamentos. Realmente se siente muy bien, el vapor es un alivio para los pulmones inflamados y llenos de flemas. Va bajando la hinchazón y hace que las mucosidades salgan . Es como si después de andar bajo el sol inclemente todo el día se dan un baño de agua tibia. Un gran alivio, en verdad.

Durante tres horas más o menos estuve sentada sin hacer nada. Cuando eso terminó yo pensé que hasta allí habría acabado mi aventura, pues no me sentía tan mal, que no es lo mismo que estar bien pero siquiera creía que era una situación “segura”. Sin embargo los doctores del ISSSTE no lo vieron así y nos salieron con la noticia de que debía quedarme para observación.

Como es natural, chillé un poco, no demasiado para empeorar mi estado. Me pusieron ese infame pedazo de tela que es quesque bata de hospital, me despedí de mis padres y entré a los desconocido.

Era una situación tenebrosa. En esa sección de urgencias sólo habíamos dos pacientes, un bebé y yo. No estaba todo iluminado, sólo la luz caía en las camas ocupadas, lo demás quedó en penumbras. Yo tenía conectado un monitor cardiaco para observar la taquicardia que obviamente los medicamentos habían causado, y un suero enterrado en la muñeca que introducía líquidos curativos.

Fácilmente estuve allí doce horas. Doctores con estudiantes iba y venían. En cierto momento me dio cosa, pedí ver a mi madre, y como no se pudo me puse a llorar. Unos jóvenes doctores se apiadaron de mí y fueron a sentarse conmigo a discutir de sus tonterías. No hicieron nada más, pero que estuvieran allí me calmó. Por eso pienso que nos encontramos con gente buena de vez en cuando.

A eso de la medianoche me avisaron que me subirían a piso. Me sacaron de ese oscuro calabozo y me llevaron a uno quinto o sexto piso, más iluminado, con sendas camas, mucha luz, relativamente más agradable que el primer recinto. Y esa noche tampoco dormí.

Habían varias complicaciones. La más importante era que por miedosa no había querido mover el brazo donde tenía el suero, pues en mi infantil mente creí que si lo hacía se saldría la aguja rompiendo la venita, con la sangre saliendo a borbotones y moriría. Pero por esa necedad el brazo se me entumió y tuve que moverlo, con todo el terror de mi corazón. La otra complicación fue que me pusieron oxígeno, con la mascarilla de nuevo, pero esta vez era oxígeno puro. Yo no sé porqué hay bares de oxígeno si es la cosa más molesta del mundo. Quema por donde pasa, mi nariz me dolía y terminé con la piel levantada alrededor de las fosas nasales y los labios. También estaba asustada de una niña de al lado quien tenía un monitor cardiaco más ruidoso que el mío, por lo cual yo infería que se iba a morir. Pero más miedo me daba un “Cuarto de aislamiento” que estaba al otro extremo del piso, pero que yo podía ver claramente. Allí había un niño como de dos años al cual sus padres lo atendían tapados de pies a cabeza. Supongo que tendría algún problema con su sistema inmunológico, sólo que en ese entonces yo pensaba que sufría de ébola o cosa contagiosa parecida, la cual eventualmente escaparía y nos mataría a todos.

Sí, eso es lo malo de que a los diez años veas noticieros en igual proporción que caricaturas.

La noche infernal cesó, yo no sé si me dormí. Lo siguiente que recuerdo es que me obligaron a bañarme, con todo y suero. Créanme. No es nada divertido. No por el suero. Por el ISSSTE.

No los asquearé con demasiados detalles. El baño del piso era grandote, con esos azulejos amarillo baño, oliendo a caño como debe de ser, pelos en el piso siempre húmedo, sin puertas que se pudieran cerrar para permitir algo de privacidad, papel de baño esparcido por allí, cero jabón o shampoo y pésima iluminación. Sin agua caliente, porque el agua helada es lo mejor para los enfermos. Me cae que los servicios de salud en este país están excelentes.

Luego de tan traumante experiencia me dejaron cambiar el pedazo de tela quesque bata por algo que me hubieran traído de la casa. Mi padre me compró una pijama morada de caballitos, a mí que lo que más me gustaban eran los caballos. Y así comenzaron mis dos días y medio en el hospital.

Fueron realmente tranquilos. En la tarde me quitaron el suero, con lo que ya pude descansar mentalmente. Tenía jornadas de sueño largas, desde las 7 de la noche o antes hasta las 9 o 10 de la mañana, con interrupciones para que me inyectaran una jeringota con un líquido color turquesa o me dieran jarabes, pastillas y grajeas. La comida de hospital era de lo más insípida que hay, tanto que ni ganas me daban de comerla. Jugo de papaya sin azúcar, qué asco.

Me aburría mucho, así que prefería dormir. En un área especial había una tele a color donde ponían caricaturas, por esas épocas Dragon Ball era nuevecita y todos los niños la veían, excepto yo, que sólo aceptaba animaciones soviéticas del Canal Once. Además entre los pacientitos del lugar estaban dos niñas con las cabezas rapadas. Mi madre me dijo que había escuchado que a esas niñas su madre las había golpeado tanto que por eso estaban allí. Ahora lo dudo, yo creo que tenían cáncer, pero en ese entonces más bien sentía que tenían alguna enfermedad contagiosa y mortal que si me les acercaba, me moría.

Así pasaron lunes,martes y medio miércoles cuando me dieron de alta. Lo primero que hicimos luego de salir fue visitar al doctor para que viera que todo estaba bien. Esa fue la primera y única vez que mi doctor, quien me conoce desde que era un cigoto, me dio una paleta. Una mísera Tutsi Pop que me supo a gloria, porque en el hospital pura comida sana y mi padre sólo me había podido contrabandear unos polvorones y un Boing de naranja.

Cuando estuve en casita tomé un bañó, comí como Dios manda y me eché a dormir más de doce horas. Fui despertada no por el canto de las aves, sino por uno de esos temblores fuertes que de vez en cuando se dejan sentir en Mexico City. Tuve bastante suerte de haber salido un día antes, quién sabe qué habría hecho en un sexto piso de un gran hospital.

Me tomé toda la semana libre y el lunes ñoñamente, de nuevo a la escuela.

Después de esta aventura mis crisis asmáticas se detuvieron. Desde entonces jamás me ha vuelto a dar nada de eso magnitud, aunque a veces he sentido cómo se me cierra el pecho pero nunca a esos niveles.

Poco tiempo más tarde mi madre me llevó a un chochero (otro más)que según había mejorado mucho a mi tío asmático. Lo primero que hizo fue mandarme chochos. No eran divertidos, pero tampoco odiosos. Me gustaban las bolitas de azúcar, lo que no me agradaba eran los líquidos que los contenían. Luego me mandó a hacer una vacuna para inyectarme en el brazo a una frecuencia brutal, diario o casi diario durante no se cuántos meses. Mi madre tuvo que aprender a inyectar, estuve así como un año. Hasta la fecha me duele si me abrazan muy fuerte ><

Después abandonamos al chochero. Y llegamos hasta el día de hoy. Mi alergia a la humedad hace que el clima de esta época del año sea particularmente dañino. La nube me puede provocar dolores de cabeza, cuerpo cortado, cansancio, sueño, malhumor. También catarro aunque es de ley que sólo me de en la mañana, cuando soy una gripe andante. A veces tengo tos y flemas, pero cuando eso pasa quiere decir que he tomado menos antihistamínicos de lo normal. Últimamente he tratado de ya no tomarlos, si de todos modos no me hacen nada para qué llenar mi cuerpo de cochinadas.

También puedo predecir el clima con tan sólo ver la nube y estimar qué tan mal me siento.

Como pueden ver mi vida no ha sido muy normal, pero hay gente a la que le ha ido peor. Gracias a Dios estas sólo son molestias menores. Aunque a veces sí me aburre que los externos se quejen de que “tienen gripa” o mi preferida “tienen sinusitis” cuando pues yo he vivido siempre así y ni se siente tan mal. O también me causa lanzar un suspiro cuando me preguntan “¿porqué tienes tanto sueño?”. Bueno, si supieran lo que es tener la cabeza de mocos lo entenderían.

Pero así le hacemos.

Con esto cierro mi ciclo de enfermedades y alergias. Tal vez un día hable acerca de mi intestino, quien es todo un caso aparte. Ni qué decir de mi sistema inmunológico. Pero para que no se aburran, un video clásico:

Entre la gran expectación (sí, cómo no) que produjo la anterior entrada referente a mi mala salud decidí meter un apartado medio culto acerca de algo que leí hace poco: la tragedia de Medea. Esta es una de las 19 piezas que escribió Eurípides.

Medea no se compara con las otras dos que había leído anteriormente: “El cíclope” y “Alcestes”. Tiene una fuerza, una profundidad, un sentido tan trágico, tan oscuro que me ha dejado gratamente sorprendida a pesar de lo truculento de la historia.

Todo empieza con los sirvientes de Medea lamentándose de la terrible situación por la que están pasando. Jasón, con quien su ama se había “arrejuntado”, abandonando y traicionando a su familia por el amor que la consumía, dándole hijos y siguiéndole a todas partes en su búsqueda del Vellocino de Oro; se ha casado con la hija de Creón, rey de Corinto, apenas llegaron a dicha isla. Esto sin importar que anteriormente él ya se había casado con Medea.

Dicha mujer se lamenta furiosa de la suerte que le ha tocado. Está hecha una fiera, la vista de sus hijos le es odiosa pero además parece que está loca por el dolor y la indignación. Pero esta es una locura lúcida porque está bien consciente de qué la causa. No se deja llevar actuando sin ton ni son, sino que sus palabras son precisas, casi pensadas con frialdad pero aderezadas con la pasión de quien ha sido traicionado.

No era para menos; no sólo Jasón se vuelve a casar sino que repudia a ella y a sus hijos, enviándolos a una casa aislada apartados de la dignidad que les correspondiera. Como si fueran apestados.

En eso llega Creón, el rey de la isla de Corinto. Le ordena a Medea que so pena de muerte, ella y sus hijos deben de abandonar sus tierras de inmediato pues corren rumores de que la ofendida ha proferido palabras peligrosas sobre Jasón, Creón y su hija. El rey no se arriesgará ya que tiene fama de temible hechicera.

La susodicha arremete contra Creón con sabias e hirientes palabras, pero al final, respondiendo a sus propias maquinaciones acaba por convencerlo de que le deje un día para poder arreglar sus cosas y partir. Él acepta.

Luego que se va, Medea comienza a urder sus oscuros planes hasta que es interrumpida por Jasón. Ahí comienza un acalorado diálogo donde ella le acusa a él de ser un traidor desconsidera con ella pero sobre todos con sus hijos, pues es capaz de abandonarlos a su suerte y además permitir que sean expulsados de su lado sin sentir remordimeinto alguno. Aparte ella le recrimina que a causa del amor que por él sentía, ella hubiera sido capaz de darle la espalda a su familia y a sus amigos, cometer asesinato, embarcarse hacia la nada con él, dándole descendencia, auxiliándole en todo lo que se pudiera, incluso salvándole la vida en algunas ocasiones. ¿Y todo para qué? Para que a la primera oportunidad la humillara desposándose con otra.

El airado Jasón le responde que, típicamente desde hace más de dos mil años “no eres tú, soy yo”, alegando que él no se había aburrido de su lecho conyugal sino que se había desposado con la hija de Creón por el bien de sus hijos. De esta noble joven procrearía niños que serían hermanos de los otros pequeños, creciendo juntos en palacio, tomándose un gran cariño que posteriormente auxiliaría a los hijos de Medea. ¿Y la madre? Esa quién sabe, pero los niños estarían bien siendo hermanos de príncipes.

¿Y entonces, si tanto los amaba, porqué los alejó de su lado? Es lo que Medea no se puede explicar. Jasón le da la vuela al asunto, finalmente era lo que él tenía que hacer, casarse nuevamente “por el bien de todos”. Se va enfurecido, dejando a la protagonista concretar su plan de acción.

Ella toma una determinación: la humillación, el oprobio, la traición han sido de tal magnitud que no pueden ser perdonadas. Jasón la ha provocado y ella no se permitirá ser pisoteada, ni dejará que sus hijos sufran humillaciones. Nos revela su plan y prosigue a ejecutarlo.

Adoptando el tono de la siempre familiar mujer mexicana abnegada y estúpida, manda a llamar a Jasón. Con docilidad fingida, actuando como que ha entrado en razón, admite que su antiguo amante es el hombre más inteligente sobra la faz de la tierra. Acepta que su casamiento ha sido una gran idea, así que espera que sus dos niños sean aceptados en el palacio de Creón. Para ello decido enviarle a la princesa sendos regalos por medio de los chicos: una corona de oro y un manto precioso.

Después de un rato Jasón y los infantes retornan a la casa de Medea; la operación fue un éxito, a la hija de Creón le encantaron los regalos y los niños podrán quedarse junto a su padre, quien vuelve a Palacio.

Aquí comienza la parte más dramática de la Historia. Ya desde antes había revelado su propósito: matar a sus hijos. Nada podría causarle más dolor a aquel que la había traicionado que el hacerle perder a lo que más amaba. La corona y el manto estaban envenenados; cualquiera que lo tocase moriría atrozmente. Medea no esperará a averiguar si resultó o no el artificio, forma parte de una estirpe de poderosas brujas y está segura de su éxito.

Deshaciéndose en lágrimas (me imagino) o impasible, pero siempre atormentada, toma un puñal y le da muerte a sus pequeños, quienes gritan e imploran sin que nada pueda impedir el baño de sangre.

Mientras tanto nos enteramos que la hija de Creón apenas se probó los regalos, fue sometida a una tortura espantosa. La corona le encendió la cabeza en llamas, el precioso manto se le adhirió al cuerpo, carcomiéndolo hasta que este sólo fue un montón de huesos de los cuales se desprendía la carne calcinada a pedazos (así lo describen, yo no lo inventé). Su padre atraído por los gritos entró a la habitación pero ya era demasiado tarde. Ciego por el dolor corrió a abrazar a su hija, consumiéndose de la misma manera.

Jasón se dirige enfurecido a la casa de Medea. Desesperado golpea las puertas. Cuando estas por fin se abren se nos muerta la temible escena: los dos niños al fondo, muertos ya por el puñal de su madre.

Jasón la confronta y ella simplemente le responde que todo lo ha causado él con su imprudencia, con sus bajos actos. Él se lamenta amargamente por la muerte de sus hijos, quiere que al menos se le deje acariciarlos por última vez, pero la madre no se lo permite. Los toma entre sus brazos, se sube a un carro alado tirado por dragones y le dice que ni siquiera le será permitido darles sepulcro, que ella lo hará. Porque ella es su madre, la que les dio la vida y sólo a ella correspondía darles la muerte.

Jasón se queda vivo, sólo y miserable para sufrir por el resto de sus días (eso quiero creer). Medea también vive pues sabe la gravedad de lo que ha hecho, pero no se arrepiente. Con eso vivirá hasta el fin de los tiempos.

———–

Cuando mi hermano la leyó, se quedó horrorizado. Ciertamente no es algo para aplaudirse, pero Medea es la única y la excepcional mujer de la literatura. A diferencia de sus contrapartes del siglo XXI, ella no esperará resignada a que la promesa de un mundo mejor le recompense los males sufridos en esta tierra. Ella fue traicionada, humillada, le quisieron ver la cara. Pero no puso la otra mejilla sino que hizo pagar a su ofensor carísima su traición.

¿Qué esperaba Jasón?¿Salirse con la suya? Claro, como millones de hombres (y mujeres) de todas las épocas han hecho a su prójimo durante siglos. ¿Tal vez aprovecharse de aquél que consideraban débil? Pues Medea estaba sola en el mundo, lejos de cualquier amigo. Sólo a sus hijos tenía, pero prefirió matarles a dejar que fueran humillados así como ella lo había sido. Porque ella les daba la vida, también les daba la muerte. Tal vez Creón sospechaba que algo podría hacer, y eso que no la conocía. En cambio Jasón, con quien había convivido, la subestimó torpemente.

Idiota.

Se quedó sin flamante esposa, sin suegro, sin descendencia. Y se vida le fue perdonada, para que sufriera. Medea lo dejó todo, le dio su propia existencia , y él solo tuvo ingratitud para con ella. ¿Creyó que le iba a ver la cara? Pues no. Porque Eurípides la hace hablar, abordar un problema que al parecer tiene más de dos mil años: la mujer en desventaja con el hombre, que tiene que sufrir en silencio; o bien la del débil o del desamaparado o de aquel que da todo por algo para que la final los demás le escupan en la cara. Sin olvidar al que es temido por los mentecatos por sus superiores capacidades. Como la protagonista le dice a Creón; los habitantes de Corinto, el rey mismo, la miran con recelo porque es extranjera, inteligente y poseedora de un gran conocimiento. Sombras que aterrorizan a los más mezquinos, a los más mediocres.

La fuerza única que Medea posee en su interior, le da el valor necesario para cometer sus acciones. Las medita, las ejecuta, y sigue viviendo. Consciente de lo que hizo, aceptando sus consecuencias, responsable de sus acciones.

Este libro debería ser obligatorio en todas las escuelas de México. Si tuviéramos más Medeas, no habría tantas mujeres golpeadas.

No les digo que la imiten, no se la vayan a tomar literalmente hijos míos. Sólo digo que ante la adversidad, la bajeza de los otros, lo mejor que podemos hacer es tener la cabeza bien alta, ser fuertes y seguir viviendo cada día como si fuera el último. Dar lo mejor de uno en lo que se haga es mandar a la oscuridad a los hijos del oprobio. Eso digo yo.

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En la próxima entrada, cómo estuvo mi hospitalización y algunas cosas más.

Mi salud siempre ha sido deficiente. Nací por cesárea, tomé mi leche, lloré mucho y me alimenté con gusto. Todo parecía normal, feliz, hasta que a los siete meses casi me voy al diablo debido a un ataque de asma fulminante. No me morí pero sí quedé tocada para siempre.

A partir de ello el asma y las alergias me han acompañado. Antes de que sigamos, conviene manifestar que una alergia es cuando el sistema inmunológico se pone estúpido, con lo cual reacciona de forma exagerada ante un elemento ambiental que en las personas normales no causa mayor alboroto. Por ejemplo si una partícula de polvo entra al sistema no debería provocar reacción alguna; pero un cuerpo alérgico estornudará, se irritará, moqueará, etc.

Mi asma fue causada por factores ambientales.Cada vez que algo de polvo, polen, pelo de animal, humedad o aire frío entraban a mi sistema, los bronquios reaccionaban de más para protegerse: se hinchaban y llenaban de flemas.

Una simple lluvia o un aire frío podían desatarla. Sólo que a diferencia del asma “normal” fulminante, inmediata que vemos en la tele, la mía era un tanto “benigna” ya que si comenzaba a ponerme mal por la mañana, por la noche ya podría estar en MUY serios problemas si no se me administraba algún tratamiento. O sea que mis padres y el doctor tenían tiempo de sacarme de allí.

El inconveniente de esta modalidad era que yo podía estarme con flemas y capacidad pulmonar disminuída por horas, días o semanas. Temporadas enteras como el verano (las lluvias), el otoño (las hojas de los árboles) y el invierno (el frío) con lapsos pequeños entre ellas de relativo bienestar. La única época en la que era más o menos feliz era Semana Santa, con puro calor seco, sin las molestias del polen de la primavera o la lluvia de verano.

Amén de mi sempiterna semiasfixia, disfrutaba yo de los complementos de nariz tapada (tapada EN SERIO, como cuando tienes gripa y no entra nada de nada) , tos imparable, garganta inflamada y dolor de cabeza aderezado por la sinusitis crónica (que aún hoy padezco).

Antes de entrar al kindergarden tenía ya un buen récord de visitas a urgencias con mis amigos de inhaloterapia,inyecciones, vacunas y asquerosas medicinas. Recuerdo claramente como mi madre me daba una pastilla molida mezclada con miel porque a finales de los ochenta aún no inventaban tanto jarabe kids friendly.

Eso era como asqueroso.

Digo, un niño no tienen porqué saber escupir flemas en medio de la comida como si nada, o saber distinguir si dichas mucosidades indican el grando de infección basándose sólo en su color.

En fin, que cuando entré a la escuela nunca más volví a ir a inhaloterapia..o eso creía. Seguía con mis insuficiencias, crisis y medicinas pero puedo decir que tuve una vida más o menos normal, sólo molesta. Medio ahogándome iba a la escuela pero qué podía hacer. Nada, nein.

De todas maneras habían muchas cosas que me estaban vedadas, como tomar refrescos fríos, comer helados, andar en shorts y sandalias, mojarme bajo la lluvia o jugar destapada por la calle. Como dije, mi época gloriosa era la Semana Santa, cuando el calor era tal que los ánimos de mis bronquios se apaciguaban. Hasta la moquera y el dolor de cabeza se me calmaban.

Durante años mis padres peregrinaron de un doctor a otro, de un remedio a otro. Fuimos con médicos generales, alergólogos, homeópatas y hasta naturistas. Nada más nos faltó una limpia.

Y entonces, un 13 de septiembre de 1995 vino lo inevitable: caí en el hospital, de veritas.

Ya llevaba arrastrando una moderada crisis desde días antes. Luego le supliqué a mi madre que me dejara tomar refresco frío a pesar de ello. Me dejó porque según nosotras ya bien sabíamos cómo reaccionaba mi cuerpo, no creímos que fuera tan grave y además mi pobre madre por una vez quiso que yo fuera medio normal.

Triste error. No pude dormir en toda la noche porque no respiraba casi. Ya habíamos pasado muchas malas noches antes pero esto era algo nunca antes visto. Ni con un coctail de medicinas mejoré. A la mañana siguiente yo misma, que tan bien conocía y que tanto había aguantado quise que me llevaran al doctor.

Recuerdo que era domingo pero el doc fue al consultorio sólo por mí.Los aviones para el desfile del 16 estaban ensayando pero a mí me valía gorros. Ese sería el último desfile aéreo en muchos años. El doc confirmó lo que ya sabíamos: estaba jodida. Sólo tenía el 30% de mis pulmones.Mis uñas, labios y ojeras estaban azules. Se me marcaban todas las costillas. No había nada que hacer.

En fin, ahí le dejo porque ya va a ser muy larga la entrada, les va a dar más flojera que de costumbre. En la próxima, mi triste vida en el hospital. Que no fue para tanto.

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