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Archive for 25 julio 2008

Entre la gran expectación (sí, cómo no) que produjo la anterior entrada referente a mi mala salud decidí meter un apartado medio culto acerca de algo que leí hace poco: la tragedia de Medea. Esta es una de las 19 piezas que escribió Eurípides.

Medea no se compara con las otras dos que había leído anteriormente: “El cíclope” y “Alcestes”. Tiene una fuerza, una profundidad, un sentido tan trágico, tan oscuro que me ha dejado gratamente sorprendida a pesar de lo truculento de la historia.

Todo empieza con los sirvientes de Medea lamentándose de la terrible situación por la que están pasando. Jasón, con quien su ama se había “arrejuntado”, abandonando y traicionando a su familia por el amor que la consumía, dándole hijos y siguiéndole a todas partes en su búsqueda del Vellocino de Oro; se ha casado con la hija de Creón, rey de Corinto, apenas llegaron a dicha isla. Esto sin importar que anteriormente él ya se había casado con Medea.

Dicha mujer se lamenta furiosa de la suerte que le ha tocado. Está hecha una fiera, la vista de sus hijos le es odiosa pero además parece que está loca por el dolor y la indignación. Pero esta es una locura lúcida porque está bien consciente de qué la causa. No se deja llevar actuando sin ton ni son, sino que sus palabras son precisas, casi pensadas con frialdad pero aderezadas con la pasión de quien ha sido traicionado.

No era para menos; no sólo Jasón se vuelve a casar sino que repudia a ella y a sus hijos, enviándolos a una casa aislada apartados de la dignidad que les correspondiera. Como si fueran apestados.

En eso llega Creón, el rey de la isla de Corinto. Le ordena a Medea que so pena de muerte, ella y sus hijos deben de abandonar sus tierras de inmediato pues corren rumores de que la ofendida ha proferido palabras peligrosas sobre Jasón, Creón y su hija. El rey no se arriesgará ya que tiene fama de temible hechicera.

La susodicha arremete contra Creón con sabias e hirientes palabras, pero al final, respondiendo a sus propias maquinaciones acaba por convencerlo de que le deje un día para poder arreglar sus cosas y partir. Él acepta.

Luego que se va, Medea comienza a urder sus oscuros planes hasta que es interrumpida por Jasón. Ahí comienza un acalorado diálogo donde ella le acusa a él de ser un traidor desconsidera con ella pero sobre todos con sus hijos, pues es capaz de abandonarlos a su suerte y además permitir que sean expulsados de su lado sin sentir remordimeinto alguno. Aparte ella le recrimina que a causa del amor que por él sentía, ella hubiera sido capaz de darle la espalda a su familia y a sus amigos, cometer asesinato, embarcarse hacia la nada con él, dándole descendencia, auxiliándole en todo lo que se pudiera, incluso salvándole la vida en algunas ocasiones. ¿Y todo para qué? Para que a la primera oportunidad la humillara desposándose con otra.

El airado Jasón le responde que, típicamente desde hace más de dos mil años “no eres tú, soy yo”, alegando que él no se había aburrido de su lecho conyugal sino que se había desposado con la hija de Creón por el bien de sus hijos. De esta noble joven procrearía niños que serían hermanos de los otros pequeños, creciendo juntos en palacio, tomándose un gran cariño que posteriormente auxiliaría a los hijos de Medea. ¿Y la madre? Esa quién sabe, pero los niños estarían bien siendo hermanos de príncipes.

¿Y entonces, si tanto los amaba, porqué los alejó de su lado? Es lo que Medea no se puede explicar. Jasón le da la vuela al asunto, finalmente era lo que él tenía que hacer, casarse nuevamente “por el bien de todos”. Se va enfurecido, dejando a la protagonista concretar su plan de acción.

Ella toma una determinación: la humillación, el oprobio, la traición han sido de tal magnitud que no pueden ser perdonadas. Jasón la ha provocado y ella no se permitirá ser pisoteada, ni dejará que sus hijos sufran humillaciones. Nos revela su plan y prosigue a ejecutarlo.

Adoptando el tono de la siempre familiar mujer mexicana abnegada y estúpida, manda a llamar a Jasón. Con docilidad fingida, actuando como que ha entrado en razón, admite que su antiguo amante es el hombre más inteligente sobra la faz de la tierra. Acepta que su casamiento ha sido una gran idea, así que espera que sus dos niños sean aceptados en el palacio de Creón. Para ello decido enviarle a la princesa sendos regalos por medio de los chicos: una corona de oro y un manto precioso.

Después de un rato Jasón y los infantes retornan a la casa de Medea; la operación fue un éxito, a la hija de Creón le encantaron los regalos y los niños podrán quedarse junto a su padre, quien vuelve a Palacio.

Aquí comienza la parte más dramática de la Historia. Ya desde antes había revelado su propósito: matar a sus hijos. Nada podría causarle más dolor a aquel que la había traicionado que el hacerle perder a lo que más amaba. La corona y el manto estaban envenenados; cualquiera que lo tocase moriría atrozmente. Medea no esperará a averiguar si resultó o no el artificio, forma parte de una estirpe de poderosas brujas y está segura de su éxito.

Deshaciéndose en lágrimas (me imagino) o impasible, pero siempre atormentada, toma un puñal y le da muerte a sus pequeños, quienes gritan e imploran sin que nada pueda impedir el baño de sangre.

Mientras tanto nos enteramos que la hija de Creón apenas se probó los regalos, fue sometida a una tortura espantosa. La corona le encendió la cabeza en llamas, el precioso manto se le adhirió al cuerpo, carcomiéndolo hasta que este sólo fue un montón de huesos de los cuales se desprendía la carne calcinada a pedazos (así lo describen, yo no lo inventé). Su padre atraído por los gritos entró a la habitación pero ya era demasiado tarde. Ciego por el dolor corrió a abrazar a su hija, consumiéndose de la misma manera.

Jasón se dirige enfurecido a la casa de Medea. Desesperado golpea las puertas. Cuando estas por fin se abren se nos muerta la temible escena: los dos niños al fondo, muertos ya por el puñal de su madre.

Jasón la confronta y ella simplemente le responde que todo lo ha causado él con su imprudencia, con sus bajos actos. Él se lamenta amargamente por la muerte de sus hijos, quiere que al menos se le deje acariciarlos por última vez, pero la madre no se lo permite. Los toma entre sus brazos, se sube a un carro alado tirado por dragones y le dice que ni siquiera le será permitido darles sepulcro, que ella lo hará. Porque ella es su madre, la que les dio la vida y sólo a ella correspondía darles la muerte.

Jasón se queda vivo, sólo y miserable para sufrir por el resto de sus días (eso quiero creer). Medea también vive pues sabe la gravedad de lo que ha hecho, pero no se arrepiente. Con eso vivirá hasta el fin de los tiempos.

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Cuando mi hermano la leyó, se quedó horrorizado. Ciertamente no es algo para aplaudirse, pero Medea es la única y la excepcional mujer de la literatura. A diferencia de sus contrapartes del siglo XXI, ella no esperará resignada a que la promesa de un mundo mejor le recompense los males sufridos en esta tierra. Ella fue traicionada, humillada, le quisieron ver la cara. Pero no puso la otra mejilla sino que hizo pagar a su ofensor carísima su traición.

¿Qué esperaba Jasón?¿Salirse con la suya? Claro, como millones de hombres (y mujeres) de todas las épocas han hecho a su prójimo durante siglos. ¿Tal vez aprovecharse de aquél que consideraban débil? Pues Medea estaba sola en el mundo, lejos de cualquier amigo. Sólo a sus hijos tenía, pero prefirió matarles a dejar que fueran humillados así como ella lo había sido. Porque ella les daba la vida, también les daba la muerte. Tal vez Creón sospechaba que algo podría hacer, y eso que no la conocía. En cambio Jasón, con quien había convivido, la subestimó torpemente.

Idiota.

Se quedó sin flamante esposa, sin suegro, sin descendencia. Y se vida le fue perdonada, para que sufriera. Medea lo dejó todo, le dio su propia existencia , y él solo tuvo ingratitud para con ella. ¿Creyó que le iba a ver la cara? Pues no. Porque Eurípides la hace hablar, abordar un problema que al parecer tiene más de dos mil años: la mujer en desventaja con el hombre, que tiene que sufrir en silencio; o bien la del débil o del desamaparado o de aquel que da todo por algo para que la final los demás le escupan en la cara. Sin olvidar al que es temido por los mentecatos por sus superiores capacidades. Como la protagonista le dice a Creón; los habitantes de Corinto, el rey mismo, la miran con recelo porque es extranjera, inteligente y poseedora de un gran conocimiento. Sombras que aterrorizan a los más mezquinos, a los más mediocres.

La fuerza única que Medea posee en su interior, le da el valor necesario para cometer sus acciones. Las medita, las ejecuta, y sigue viviendo. Consciente de lo que hizo, aceptando sus consecuencias, responsable de sus acciones.

Este libro debería ser obligatorio en todas las escuelas de México. Si tuviéramos más Medeas, no habría tantas mujeres golpeadas.

No les digo que la imiten, no se la vayan a tomar literalmente hijos míos. Sólo digo que ante la adversidad, la bajeza de los otros, lo mejor que podemos hacer es tener la cabeza bien alta, ser fuertes y seguir viviendo cada día como si fuera el último. Dar lo mejor de uno en lo que se haga es mandar a la oscuridad a los hijos del oprobio. Eso digo yo.

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En la próxima entrada, cómo estuvo mi hospitalización y algunas cosas más.

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Mi salud siempre ha sido deficiente. Nací por cesárea, tomé mi leche, lloré mucho y me alimenté con gusto. Todo parecía normal, feliz, hasta que a los siete meses casi me voy al diablo debido a un ataque de asma fulminante. No me morí pero sí quedé tocada para siempre.

A partir de ello el asma y las alergias me han acompañado. Antes de que sigamos, conviene manifestar que una alergia es cuando el sistema inmunológico se pone estúpido, con lo cual reacciona de forma exagerada ante un elemento ambiental que en las personas normales no causa mayor alboroto. Por ejemplo si una partícula de polvo entra al sistema no debería provocar reacción alguna; pero un cuerpo alérgico estornudará, se irritará, moqueará, etc.

Mi asma fue causada por factores ambientales.Cada vez que algo de polvo, polen, pelo de animal, humedad o aire frío entraban a mi sistema, los bronquios reaccionaban de más para protegerse: se hinchaban y llenaban de flemas.

Una simple lluvia o un aire frío podían desatarla. Sólo que a diferencia del asma “normal” fulminante, inmediata que vemos en la tele, la mía era un tanto “benigna” ya que si comenzaba a ponerme mal por la mañana, por la noche ya podría estar en MUY serios problemas si no se me administraba algún tratamiento. O sea que mis padres y el doctor tenían tiempo de sacarme de allí.

El inconveniente de esta modalidad era que yo podía estarme con flemas y capacidad pulmonar disminuída por horas, días o semanas. Temporadas enteras como el verano (las lluvias), el otoño (las hojas de los árboles) y el invierno (el frío) con lapsos pequeños entre ellas de relativo bienestar. La única época en la que era más o menos feliz era Semana Santa, con puro calor seco, sin las molestias del polen de la primavera o la lluvia de verano.

Amén de mi sempiterna semiasfixia, disfrutaba yo de los complementos de nariz tapada (tapada EN SERIO, como cuando tienes gripa y no entra nada de nada) , tos imparable, garganta inflamada y dolor de cabeza aderezado por la sinusitis crónica (que aún hoy padezco).

Antes de entrar al kindergarden tenía ya un buen récord de visitas a urgencias con mis amigos de inhaloterapia,inyecciones, vacunas y asquerosas medicinas. Recuerdo claramente como mi madre me daba una pastilla molida mezclada con miel porque a finales de los ochenta aún no inventaban tanto jarabe kids friendly.

Eso era como asqueroso.

Digo, un niño no tienen porqué saber escupir flemas en medio de la comida como si nada, o saber distinguir si dichas mucosidades indican el grando de infección basándose sólo en su color.

En fin, que cuando entré a la escuela nunca más volví a ir a inhaloterapia..o eso creía. Seguía con mis insuficiencias, crisis y medicinas pero puedo decir que tuve una vida más o menos normal, sólo molesta. Medio ahogándome iba a la escuela pero qué podía hacer. Nada, nein.

De todas maneras habían muchas cosas que me estaban vedadas, como tomar refrescos fríos, comer helados, andar en shorts y sandalias, mojarme bajo la lluvia o jugar destapada por la calle. Como dije, mi época gloriosa era la Semana Santa, cuando el calor era tal que los ánimos de mis bronquios se apaciguaban. Hasta la moquera y el dolor de cabeza se me calmaban.

Durante años mis padres peregrinaron de un doctor a otro, de un remedio a otro. Fuimos con médicos generales, alergólogos, homeópatas y hasta naturistas. Nada más nos faltó una limpia.

Y entonces, un 13 de septiembre de 1995 vino lo inevitable: caí en el hospital, de veritas.

Ya llevaba arrastrando una moderada crisis desde días antes. Luego le supliqué a mi madre que me dejara tomar refresco frío a pesar de ello. Me dejó porque según nosotras ya bien sabíamos cómo reaccionaba mi cuerpo, no creímos que fuera tan grave y además mi pobre madre por una vez quiso que yo fuera medio normal.

Triste error. No pude dormir en toda la noche porque no respiraba casi. Ya habíamos pasado muchas malas noches antes pero esto era algo nunca antes visto. Ni con un coctail de medicinas mejoré. A la mañana siguiente yo misma, que tan bien conocía y que tanto había aguantado quise que me llevaran al doctor.

Recuerdo que era domingo pero el doc fue al consultorio sólo por mí.Los aviones para el desfile del 16 estaban ensayando pero a mí me valía gorros. Ese sería el último desfile aéreo en muchos años. El doc confirmó lo que ya sabíamos: estaba jodida. Sólo tenía el 30% de mis pulmones.Mis uñas, labios y ojeras estaban azules. Se me marcaban todas las costillas. No había nada que hacer.

En fin, ahí le dejo porque ya va a ser muy larga la entrada, les va a dar más flojera que de costumbre. En la próxima, mi triste vida en el hospital. Que no fue para tanto.

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A young lady

http://img65.imageshack.us/img65/5451/sophieek3.jpgA lady

Procrastinando, as usual.

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Porque todos llevamos una María Luisa Ceferina por dentro…la vemos de vuelta.

A ella todo le fastidia, excepto ponerle, por eso tiene tantos hijos. Aquí la vemos observando torvamente a su marido, el Marqués de Ultramar (ojalá existiera en la vida real, snif.)

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Maria Luisa Ceferina

María Luisa Ceferina es mi alter-ego glotón, llorón, malcriado y alérgico del finales del siglo XVIII. Siempre está tirada en el sofá por la sinusitis, la cual nadie le puede tratar. Asímismo gusta comer dulces de convento, beber chocolate espeso, quejarse de todo y procrear hijos. Sempiternamente embarazada y caprichosa, se la pasa tirada en el sofá.

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Aunque algunos decían que más bien era el Tío Lencho

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Pues como lo prometí (si es que alguien lo recuerda) traigo ahora a ustedes, respetable público, la primera de espero muchas “Crónicas Miserables”. Dado que el morbo y la miseria humana siempre venden, he decidido conjuntar este interés con una de mis pasiones, la Historia. Es por eso que de vez en cuando les traeré relatos de vidas de personajes ilustres, o tan siquiera medianamente famosos, que destaquen por sus infortunios y sufrimientos.

Espero que esto le sirva a los Ojos que todo lo Ven para darse cuenta de que, por más mediocres e intrascendentes que sean sus existencias, no llevan ni una décima parte del dolor de aquellas vidas de los personajes que les presentaré. Aunque igual puedo obtener el efecto contrario, que se enojen porque, precisamente, son gente tan nula para el mundo y tan poca cosa les sucede, que se mueren de la envidia y la frustración al leer estas letritasque hablan de gente más conocida que ellos.

Pero sin más preámbulo, comenzemos con la primer Crónica Miserable: Maria Luisa de Orléans.

María Luisa de Orléans (1662-1689)

Maria Luisa de Orléans

Maria Luisa de Orléans nació en 1662 en París, hija de Felipe de Orléans, hermano menor del cerdamente famoso Luis XIV, y su primera esposa, Enriqueta de Inglaterra.

Sus padres no eran muy normales que digamos. Su padre tenía una pinta de afeminado que se veía a leguas. Su madre era la hija más pequeña del rey Carlos I de Inglaterra, amablemente decapitado por su pueblo. Felipe y Enriqueta tuvieron diversas peleas por apuestos hombres, de los cuales eran amantes comunes. Así se las gastaban.

De cualquier forma, Maria Luisa creció más o menos feliz. Hasta que, a los 17 años, su vida se volvió una triste porquería. Su tío Luis XIV decidió que por razones políticas, ella se convertiría en la esposa del rey Carlos II de España, a quien sospechosamente le apodaron El Hechizado.Eso no pintaba nada bien.

Ustedes se preguntarán porqué Carlos habría de volver la vida de Maria Luisa miserable. Pues bien, era consabido en toda Europa que el Rey español era un ser deforme e incapacitado mental, inepto para gobernar e increíblemente feo. Por si fuera poco, su corte era de las más supersticiosas, oscuras e intrigantes del mundo. Dado que el Rey era un completo inútil para gobernar, había una costante carnicería política.

Se cuenta que al enterarse de esto, Maria Luisa le recriminó a su tío. Este le contestó:

No podría haber hecho más por mi propia hija

A lo que ella respondió:

Pero podrías haber hecho más por vuestra sobrina

Gustosa o no, la joven princesa abandonó su patria para desposarse en España a los 17 años.

Su marido era, por supuesto, peor de lo que se había imaginado. Producto de 200 años de matrimonios entre miembros de una sola familia, poseía una enorme cabeza, una mandíbula inferior pronunciadísima y desacomodada (lo que impedía que comiera bien), una lengua gigantesca que a veces le colgaba de entre los labios, y ojos saltones; además era raquítico, enfermizo,colérico, ausente, caprichoso, retardado mental (apenas si podía escribir “Yo el Rey”) y lo peor de todo, impotente.

Carlos II

Hemos de imaginar lo traumático que debió haber sido tener que intentar producir un heredero con semejante adefecio.Para empeorar las cosas, Carlos tenía los genitales atrofiados.Esto no suponía que ambos no pusiesen el mayor esfuerzo de su parte, conscientes de que en sus hombros recaía conservar la estirpe de la que todavía era una de las dinastías más poderosas de toda la Tierra, los Habsburgo. Sólo que fisiológicamente era imposible.

Por si esto no fuera suficiente, Maria Luisa fue sometida a una dieta especial, sacada de las mentes de los más bizarros médicos de España, que basados más en superticiones medievales que en los avances de la ciencia de su tiempo, la obligaban a comer alimentos fríos o incluso hielo con el objeto de propiciar un embarazo. Asímismo la sometían a purgas, sangrías, ceremonias con amuletos y vaya a saber qué más. Para evitar un posible aborto le prohibieron la equitación, que era una de sus mayores alegrías.

Mas estos textos no se llamarían “Crónicas Miserables” de no existir suficiente horror que justifique el nombre. Aparte de todo lo antes mencionado, agregaremos la rígida etiqueta española que estipulaba que a la Reina no se le debía dejar sola NUNCA, tampoco permitía que se le tocara. Ni para los más privados actos Maria Luisa se libraba de los ojos cortesanos. Especialmente de su suegra Mariana de Austria, quien totalmente descontrolada lo mismo se enajenaba en la política sin saber lo que hacía, que se entrometía en la vida personal de su hijo haciéndole llorar de vez en cuando. Se dice que Mariana peleaba frecuentemente son su nuera,enrareciendo el ambiente de por sí ya bastante turbio con las intrigas palaciegas. Algún otro dice que era una situación contraria, pero es más probable que Doña Mariana haya sido una cruel suegra, amargada y fastidiosa.

Como cereza del pastel, el pueblo español no quería mucho a Maria Luisa. Por francesa, y por estéril, según ellos. De manera burlona circularon unas coplas que decían:

Parid, bella flor de lis,
que en aflicción tan extraña,
si parís, parís a España,
si no parís, a París

Si algo rescatable hubo en diez años de matrimonio, fue el amor profundo que siempre le tuvo Carlos, con todo y lo deforme, impotente e incompetente. Los cronistas refieren que Maria Luisa también le cobró cierto afecto.

Fue en el año de 1689 que, después de haber dado un paseo a caballo, nuestra desafortunada invitada sintió un fuerte dolor en el vientre, falleciendo un día después, el 12 de febrero. Así fue que a los 26 años, la infortunada vida de la Reina consorte de España llegó a su fin. No faltaron las sospechas de envenenamiento, aunque son poco probables, siendo más creíble la hipótesis de una peritonitis.

A diez días de las exequias, los ministros españoles de inmediato comenzaron la búsqueda de una nueva candidata a ocupar el puesto de la difunta. Se le presentaron dos retratos al Rey, uno de Mariana de Neoburgo, una princesa alemana, y el otro de Maria Luisa de Médicis, una italiana. Carlos los observó diciendo:

La de Toscana es guapa y la de Neoburgo no se puede decir que sea fea

Pero volteando a ver un retrato de Maria Luisa de Orléans agregó con tristeza:

Pero esta dama era realmente hermosa

Es así como llegamos al fin de este primer episodio de “Crónicas Miserables”. Ojalá les haya servido para apreciar más sus vidas, o para comprender que la Historia finalmente es un chisme grandote construído por personas como ustedes y como yo.

En nuestro próximo número no garantizo nada. Tal vez haya relatos de la vida de Lisa S. o algún jocoso escrito sobre seres infames como los burócratas, o simples rants justificados. No olviden visitar:Usted está loco para sorpresas, regalos, sexo y rock and roll.

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