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Archive for 19 agosto 2008

La razón por la cual escribo esta entrada es que hoy no fui a trabajar gracias a otra molesta infección gastrointestinal. La diferencia es que ahora sí me sentía tan mal en la mañana, hasta con fiebre, como para abandonar mis deberes laborales.

Cabe destacar que desde hace unos cuantos meses me la paso enferma, quién sabe porqué será Yo creo que por el bajón emocional causado por gente idiota e irresponsable….

Pero mejor sigamos con esta emocionante historia. Los había dejado en que un triste y fatídico domingo de septiembre de 1995 estaba toda cianótica, sin poder respirar y llena de flemas.

A lo que procedió el doctor en esa ocasión fue a mandarme directamente al hospital, ya que no tenía otra salida. El que tuvieron que elegir mis padres porque no había de otra fue uno del ISSSTE. Ignoro si les caí bien a los de urgencias o de veras me vieron bien mal, con mis costillas todas hundidas al respirar, el hecho es que salté una enorme fila de enfermos que tan desesperanzados estaban de pasar pronto que ya se habían traído hasta las cobijas para pernoctar en el suelo de la sala.

Rápidamente me ingresaron y allí una enfermera gorda y nada agradable procedió a inyectarme el trasero con un líquido misterioso que dolió hasta los infiernos y me entumeció la pierna. Luego de ello procedieron a darme inhaloterapia.

Ahh, la inhaloterapia. Qué agradable sensación. Una mascarilla como las que salen en la tele despide un vapor cargado, creo yo, de medicamentos. Realmente se siente muy bien, el vapor es un alivio para los pulmones inflamados y llenos de flemas. Va bajando la hinchazón y hace que las mucosidades salgan . Es como si después de andar bajo el sol inclemente todo el día se dan un baño de agua tibia. Un gran alivio, en verdad.

Durante tres horas más o menos estuve sentada sin hacer nada. Cuando eso terminó yo pensé que hasta allí habría acabado mi aventura, pues no me sentía tan mal, que no es lo mismo que estar bien pero siquiera creía que era una situación “segura”. Sin embargo los doctores del ISSSTE no lo vieron así y nos salieron con la noticia de que debía quedarme para observación.

Como es natural, chillé un poco, no demasiado para empeorar mi estado. Me pusieron ese infame pedazo de tela que es quesque bata de hospital, me despedí de mis padres y entré a los desconocido.

Era una situación tenebrosa. En esa sección de urgencias sólo habíamos dos pacientes, un bebé y yo. No estaba todo iluminado, sólo la luz caía en las camas ocupadas, lo demás quedó en penumbras. Yo tenía conectado un monitor cardiaco para observar la taquicardia que obviamente los medicamentos habían causado, y un suero enterrado en la muñeca que introducía líquidos curativos.

Fácilmente estuve allí doce horas. Doctores con estudiantes iba y venían. En cierto momento me dio cosa, pedí ver a mi madre, y como no se pudo me puse a llorar. Unos jóvenes doctores se apiadaron de mí y fueron a sentarse conmigo a discutir de sus tonterías. No hicieron nada más, pero que estuvieran allí me calmó. Por eso pienso que nos encontramos con gente buena de vez en cuando.

A eso de la medianoche me avisaron que me subirían a piso. Me sacaron de ese oscuro calabozo y me llevaron a uno quinto o sexto piso, más iluminado, con sendas camas, mucha luz, relativamente más agradable que el primer recinto. Y esa noche tampoco dormí.

Habían varias complicaciones. La más importante era que por miedosa no había querido mover el brazo donde tenía el suero, pues en mi infantil mente creí que si lo hacía se saldría la aguja rompiendo la venita, con la sangre saliendo a borbotones y moriría. Pero por esa necedad el brazo se me entumió y tuve que moverlo, con todo el terror de mi corazón. La otra complicación fue que me pusieron oxígeno, con la mascarilla de nuevo, pero esta vez era oxígeno puro. Yo no sé porqué hay bares de oxígeno si es la cosa más molesta del mundo. Quema por donde pasa, mi nariz me dolía y terminé con la piel levantada alrededor de las fosas nasales y los labios. También estaba asustada de una niña de al lado quien tenía un monitor cardiaco más ruidoso que el mío, por lo cual yo infería que se iba a morir. Pero más miedo me daba un “Cuarto de aislamiento” que estaba al otro extremo del piso, pero que yo podía ver claramente. Allí había un niño como de dos años al cual sus padres lo atendían tapados de pies a cabeza. Supongo que tendría algún problema con su sistema inmunológico, sólo que en ese entonces yo pensaba que sufría de ébola o cosa contagiosa parecida, la cual eventualmente escaparía y nos mataría a todos.

Sí, eso es lo malo de que a los diez años veas noticieros en igual proporción que caricaturas.

La noche infernal cesó, yo no sé si me dormí. Lo siguiente que recuerdo es que me obligaron a bañarme, con todo y suero. Créanme. No es nada divertido. No por el suero. Por el ISSSTE.

No los asquearé con demasiados detalles. El baño del piso era grandote, con esos azulejos amarillo baño, oliendo a caño como debe de ser, pelos en el piso siempre húmedo, sin puertas que se pudieran cerrar para permitir algo de privacidad, papel de baño esparcido por allí, cero jabón o shampoo y pésima iluminación. Sin agua caliente, porque el agua helada es lo mejor para los enfermos. Me cae que los servicios de salud en este país están excelentes.

Luego de tan traumante experiencia me dejaron cambiar el pedazo de tela quesque bata por algo que me hubieran traído de la casa. Mi padre me compró una pijama morada de caballitos, a mí que lo que más me gustaban eran los caballos. Y así comenzaron mis dos días y medio en el hospital.

Fueron realmente tranquilos. En la tarde me quitaron el suero, con lo que ya pude descansar mentalmente. Tenía jornadas de sueño largas, desde las 7 de la noche o antes hasta las 9 o 10 de la mañana, con interrupciones para que me inyectaran una jeringota con un líquido color turquesa o me dieran jarabes, pastillas y grajeas. La comida de hospital era de lo más insípida que hay, tanto que ni ganas me daban de comerla. Jugo de papaya sin azúcar, qué asco.

Me aburría mucho, así que prefería dormir. En un área especial había una tele a color donde ponían caricaturas, por esas épocas Dragon Ball era nuevecita y todos los niños la veían, excepto yo, que sólo aceptaba animaciones soviéticas del Canal Once. Además entre los pacientitos del lugar estaban dos niñas con las cabezas rapadas. Mi madre me dijo que había escuchado que a esas niñas su madre las había golpeado tanto que por eso estaban allí. Ahora lo dudo, yo creo que tenían cáncer, pero en ese entonces más bien sentía que tenían alguna enfermedad contagiosa y mortal que si me les acercaba, me moría.

Así pasaron lunes,martes y medio miércoles cuando me dieron de alta. Lo primero que hicimos luego de salir fue visitar al doctor para que viera que todo estaba bien. Esa fue la primera y única vez que mi doctor, quien me conoce desde que era un cigoto, me dio una paleta. Una mísera Tutsi Pop que me supo a gloria, porque en el hospital pura comida sana y mi padre sólo me había podido contrabandear unos polvorones y un Boing de naranja.

Cuando estuve en casita tomé un bañó, comí como Dios manda y me eché a dormir más de doce horas. Fui despertada no por el canto de las aves, sino por uno de esos temblores fuertes que de vez en cuando se dejan sentir en Mexico City. Tuve bastante suerte de haber salido un día antes, quién sabe qué habría hecho en un sexto piso de un gran hospital.

Me tomé toda la semana libre y el lunes ñoñamente, de nuevo a la escuela.

Después de esta aventura mis crisis asmáticas se detuvieron. Desde entonces jamás me ha vuelto a dar nada de eso magnitud, aunque a veces he sentido cómo se me cierra el pecho pero nunca a esos niveles.

Poco tiempo más tarde mi madre me llevó a un chochero (otro más)que según había mejorado mucho a mi tío asmático. Lo primero que hizo fue mandarme chochos. No eran divertidos, pero tampoco odiosos. Me gustaban las bolitas de azúcar, lo que no me agradaba eran los líquidos que los contenían. Luego me mandó a hacer una vacuna para inyectarme en el brazo a una frecuencia brutal, diario o casi diario durante no se cuántos meses. Mi madre tuvo que aprender a inyectar, estuve así como un año. Hasta la fecha me duele si me abrazan muy fuerte ><

Después abandonamos al chochero. Y llegamos hasta el día de hoy. Mi alergia a la humedad hace que el clima de esta época del año sea particularmente dañino. La nube me puede provocar dolores de cabeza, cuerpo cortado, cansancio, sueño, malhumor. También catarro aunque es de ley que sólo me de en la mañana, cuando soy una gripe andante. A veces tengo tos y flemas, pero cuando eso pasa quiere decir que he tomado menos antihistamínicos de lo normal. Últimamente he tratado de ya no tomarlos, si de todos modos no me hacen nada para qué llenar mi cuerpo de cochinadas.

También puedo predecir el clima con tan sólo ver la nube y estimar qué tan mal me siento.

Como pueden ver mi vida no ha sido muy normal, pero hay gente a la que le ha ido peor. Gracias a Dios estas sólo son molestias menores. Aunque a veces sí me aburre que los externos se quejen de que “tienen gripa” o mi preferida “tienen sinusitis” cuando pues yo he vivido siempre así y ni se siente tan mal. O también me causa lanzar un suspiro cuando me preguntan “¿porqué tienes tanto sueño?”. Bueno, si supieran lo que es tener la cabeza de mocos lo entenderían.

Pero así le hacemos.

Con esto cierro mi ciclo de enfermedades y alergias. Tal vez un día hable acerca de mi intestino, quien es todo un caso aparte. Ni qué decir de mi sistema inmunológico. Pero para que no se aburran, un video clásico:

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