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Archive for 16 febrero 2010

Bi#FAILtenario

” Sólo protegemos lo que amamos, sólo amamos lo que conocemos, y sólo conocemos lo que entendemos”


El “Arco Bicentenario” que de arco no tiene mucho

Me encontraba yo sentada en un trolebús  del Corredor Cero Emisiones, observando el movimiento de las calles, cuando llamó mi atención de entre el tráfico un camioncito rotulado completamente con contenido alusivo a los Festejos del Bicentenario. Se leían frases como “Orgulloso ser ser mexicano”, “Date de ALTA al número fulanito”, etc. El vehículo, al parecer vende artículos  del 2010. Al llegar a Av. Hidalgo se dio la vuelta y desapareció.

No pude evitar sentir una especie de tristeza mezclada con lástima. No creo que eso fuera lo que los organizadores quisieran haber provocado. Pero cómo no deprimirse cuando una lee las frases optimistas, ve la foto de la bandera ondeando, fotos de niños indígenas felices, y luego se acuerda de todos los problemas que actualmente enfrentamos en nuestro país.

Pero volvamos a los “Festejos”, que es lo que me ocupa en ésta entrada. He de admitir que me tienen decepcionada, y les voy a decir porqué.

En el año de 1910, el gobierno encabezado por Porfirio Díaz tuvo la oportunidad de mostrar al mundo su proyecto de Nación. México era, después de un siglo del inicio de su Guerra de Independencia,  ya no un país donde de un día para otro habían asonadas militares, golpes de estado, revoluciones, contrarrevoluciones, fusilamientos, pronunciamientos e invasiones extranjeras. La mano de hierro del oaxaqueño había logrado pacificar la nación, logrando un crecimiento económico sin precedentes. Se tendieron miles de km de vías ferroviarias, se abrieron fábricas, se levantaron innumerables construcciones. México se enfilaba hacia el progreso, gracias al orden establecido por Díaz, sostenido por decisiones autoritarias, explotación de los más pobres y sangre derramada de los opositores.

Pero eso al presidente lo tenía sin cuidado. Sus objetivos eran claros, y su discurso era directo. Los Festejos del Centenario estaba enfilados para hacerlo parecer a él como el nuevo padre de la Patria, aquel que había  terminado con la violencia y lo había conducido por el camino de la modernidad.

Para demostrarlo, se inauguraron muchas edificaciones, en la capital y en los estados. Varias de ellas se han vuelto parte de nuestro paisaje urbano,como la Columna de la Independencia, símbolo muy querido de nuestra ciudad, y tan bien cimentado que todo el Distrito Federal se hunde mientras que ella permanece en su sitio. El Palacio de Bellas Artes,que sólo pudo ser concluído hasta 1934, sin embargo su construcción se inició durante el Porfiriato. Incluso se proyectó un magnífico nuevo Palacio Legislativo, que al final no se hizo por falta de recursos, pero que sin duda hubiera sido mucho mejor que el Monumento a la Revolución que se erigió en su lugar.

Hubieron muchos actos conmemorativos, bailes, recepciones con representantes extranjeros, conciertos y espectáculos públicos. Se realizó un desfile donde se hizo un repaso de toda la historia de México, incluyendo sujetos disfrazados de Moctezuma, Cortés, Hidalgo e Iturbide. Hasta se iluminaron los edificios del centro, cosa nunca antes vista. Porfirio Díaz y sus allegados querían dar un mensaje, y a cien años se nos muestra muy claro.

El proyecto de Palacio Legislativo

La catedral iluminada

Y para el 2010 ¿qué? ¿Cuál es el discurso oficial? ¿Qué nos quiere decir el gobierno? No hay una línea clara que es la que tiene que proporcionarnos el estado. Los Festejos me parecen flojos, difusos, raros, sin sustancia. Bien que estemos orgullosos, pero ¿porqué?

Son tiempos difíciles, la economía anda mal, la inseguridad está peor que nunca en muchos años, la sociedad se encuentra polarizada y el cambio climático nos comienza a golpear. Condiciones duras, aunque no tanto para iniciar una Revolución, como los ociosos dicen. ¿Cómo hacerle con una ciudadanía apática, quejosa, llorona y enojada?¿Qué decirle aparte de palabras bonitas?¿Qué hacer para que se “alegren” por el Bicentenario y el Centenario?¿Para que no prefieran huir hacia otra parte del mundo donde vivirán de lavar excusados?

Se van a hacer espectáculos y cosas bonitas, programas de tele, series y alguna cosa muy vistosas en el Zócalo. Pero cuando eso acabe seguiremos en las mismas. La misma ignorancia histórica de lo que somos, lo cual inevitablemente conduce al hoyo al que nos enfilamos.

El Bicentenario hubiera sido una magnífica oportunidad para educar a la gente. Lograr entrar en su conciencia para limpiarla de esa historia oficial, maniquea, extrema, corrosiva y dañina que fomenta el rencor, la autocompasión y el amor por la miseria (los españoles malos, los gringos malos, los ricos malos, los pobres buenos). Hacerles entender que los sucesos que nos marcaron tienen un contexto previo, el cual explica su desarrollo. Que no todo es blanco o negro, o que sólo hay héroes inmaculados y villanos malévolos.

Sólo a través del conocimiento nos podemos deshacer de prejuicios que nos evitan crecer, que no nos dejan ser libres en pensamiento y acción.Es gracias al saber que entendemos lo que somos y logramos aceptarlo. Cuando la gente común y corriente comprenda  que las pirámides son más que piedritas encimadas, que una iglesia virreinal fue construída por manos indígenas que años antes hubieran tallado ídolos aztecas,o que al comerse una tortilla están repitiendo un acto de más de 30 siglos, yo creo que entonces las cosas van a cambiar.

Y no sólo me refiero a historia. ¿Qué no ven los ríos, los mares, las montañas, los volcanes, los desiertos? La nacionalidad es un evento fortuito, pero contemplar la majestad de la naturaleza forma un vínculo permanente con la tierra en la que nacemos y crecemos. Claro que cómo va alguien a querer un bosque cuando ni siquiera sabe que existe.  O peor aún, cómo se va a enterar si ni siquiera le interesa, si prefiere ver el Muévete o escuchar reggaeton, o quejarse de todo (como esas personas tan útiles a la patria,  los analistas y los intelectuales).

Yo opino que esa debía de haber sido la obligación de la Comisión Organizadora. Lograr despertar el interés, la curiosidad por México. No tanto contratar  a un extranjero para que haga un espectáculo, o levantar un portal lleno de datos (aunque se agradece). Lo primero se olvida, lo segundo no alcanza a todos.  Las mesas como Discutamos México son una buena idea, pero ¿a un ama de casa le va a interesar que hablen de gente que vivió hace mucho?

Pero no fue así. Sí hay eventos que me llaman la atención, pero ninguno por el cual faltaría al trabajo. Lástima por José Manuel Villalpando, el Presidente de la misma, me cae bien ya que gracias a sus intervenciones en la radio le tomé un gran gusto a la historia. Pero eso no quiere decir que sepa ejercer presupuestos inteligentemente, o a lo mejor no lo dejan.

Lo que pudo haber sido una gran oportunidad para dejarle algo a las próximas generaciones, aparte de una enorme fiesta, se pierde. Por desgracia a éste paso lo que tendremos será un “Arco Bicentenario” amorfo que ni siquiera han empezado a construir y un camioncito que venda tarjetitas de los héroes de la Independencia y la Revolución.

Igual yo lo hubiera hecho peor, sólo digo…

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