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Archive for the ‘cronicas miserables’ Category

Pues como lo prometí (si es que alguien lo recuerda) traigo ahora a ustedes, respetable público, la primera de espero muchas “Crónicas Miserables”. Dado que el morbo y la miseria humana siempre venden, he decidido conjuntar este interés con una de mis pasiones, la Historia. Es por eso que de vez en cuando les traeré relatos de vidas de personajes ilustres, o tan siquiera medianamente famosos, que destaquen por sus infortunios y sufrimientos.

Espero que esto le sirva a los Ojos que todo lo Ven para darse cuenta de que, por más mediocres e intrascendentes que sean sus existencias, no llevan ni una décima parte del dolor de aquellas vidas de los personajes que les presentaré. Aunque igual puedo obtener el efecto contrario, que se enojen porque, precisamente, son gente tan nula para el mundo y tan poca cosa les sucede, que se mueren de la envidia y la frustración al leer estas letritasque hablan de gente más conocida que ellos.

Pero sin más preámbulo, comenzemos con la primer Crónica Miserable: Maria Luisa de Orléans.

María Luisa de Orléans (1662-1689)

Maria Luisa de Orléans

Maria Luisa de Orléans nació en 1662 en París, hija de Felipe de Orléans, hermano menor del cerdamente famoso Luis XIV, y su primera esposa, Enriqueta de Inglaterra.

Sus padres no eran muy normales que digamos. Su padre tenía una pinta de afeminado que se veía a leguas. Su madre era la hija más pequeña del rey Carlos I de Inglaterra, amablemente decapitado por su pueblo. Felipe y Enriqueta tuvieron diversas peleas por apuestos hombres, de los cuales eran amantes comunes. Así se las gastaban.

De cualquier forma, Maria Luisa creció más o menos feliz. Hasta que, a los 17 años, su vida se volvió una triste porquería. Su tío Luis XIV decidió que por razones políticas, ella se convertiría en la esposa del rey Carlos II de España, a quien sospechosamente le apodaron El Hechizado.Eso no pintaba nada bien.

Ustedes se preguntarán porqué Carlos habría de volver la vida de Maria Luisa miserable. Pues bien, era consabido en toda Europa que el Rey español era un ser deforme e incapacitado mental, inepto para gobernar e increíblemente feo. Por si fuera poco, su corte era de las más supersticiosas, oscuras e intrigantes del mundo. Dado que el Rey era un completo inútil para gobernar, había una costante carnicería política.

Se cuenta que al enterarse de esto, Maria Luisa le recriminó a su tío. Este le contestó:

No podría haber hecho más por mi propia hija

A lo que ella respondió:

Pero podrías haber hecho más por vuestra sobrina

Gustosa o no, la joven princesa abandonó su patria para desposarse en España a los 17 años.

Su marido era, por supuesto, peor de lo que se había imaginado. Producto de 200 años de matrimonios entre miembros de una sola familia, poseía una enorme cabeza, una mandíbula inferior pronunciadísima y desacomodada (lo que impedía que comiera bien), una lengua gigantesca que a veces le colgaba de entre los labios, y ojos saltones; además era raquítico, enfermizo,colérico, ausente, caprichoso, retardado mental (apenas si podía escribir “Yo el Rey”) y lo peor de todo, impotente.

Carlos II

Hemos de imaginar lo traumático que debió haber sido tener que intentar producir un heredero con semejante adefecio.Para empeorar las cosas, Carlos tenía los genitales atrofiados.Esto no suponía que ambos no pusiesen el mayor esfuerzo de su parte, conscientes de que en sus hombros recaía conservar la estirpe de la que todavía era una de las dinastías más poderosas de toda la Tierra, los Habsburgo. Sólo que fisiológicamente era imposible.

Por si esto no fuera suficiente, Maria Luisa fue sometida a una dieta especial, sacada de las mentes de los más bizarros médicos de España, que basados más en superticiones medievales que en los avances de la ciencia de su tiempo, la obligaban a comer alimentos fríos o incluso hielo con el objeto de propiciar un embarazo. Asímismo la sometían a purgas, sangrías, ceremonias con amuletos y vaya a saber qué más. Para evitar un posible aborto le prohibieron la equitación, que era una de sus mayores alegrías.

Mas estos textos no se llamarían “Crónicas Miserables” de no existir suficiente horror que justifique el nombre. Aparte de todo lo antes mencionado, agregaremos la rígida etiqueta española que estipulaba que a la Reina no se le debía dejar sola NUNCA, tampoco permitía que se le tocara. Ni para los más privados actos Maria Luisa se libraba de los ojos cortesanos. Especialmente de su suegra Mariana de Austria, quien totalmente descontrolada lo mismo se enajenaba en la política sin saber lo que hacía, que se entrometía en la vida personal de su hijo haciéndole llorar de vez en cuando. Se dice que Mariana peleaba frecuentemente son su nuera,enrareciendo el ambiente de por sí ya bastante turbio con las intrigas palaciegas. Algún otro dice que era una situación contraria, pero es más probable que Doña Mariana haya sido una cruel suegra, amargada y fastidiosa.

Como cereza del pastel, el pueblo español no quería mucho a Maria Luisa. Por francesa, y por estéril, según ellos. De manera burlona circularon unas coplas que decían:

Parid, bella flor de lis,
que en aflicción tan extraña,
si parís, parís a España,
si no parís, a París

Si algo rescatable hubo en diez años de matrimonio, fue el amor profundo que siempre le tuvo Carlos, con todo y lo deforme, impotente e incompetente. Los cronistas refieren que Maria Luisa también le cobró cierto afecto.

Fue en el año de 1689 que, después de haber dado un paseo a caballo, nuestra desafortunada invitada sintió un fuerte dolor en el vientre, falleciendo un día después, el 12 de febrero. Así fue que a los 26 años, la infortunada vida de la Reina consorte de España llegó a su fin. No faltaron las sospechas de envenenamiento, aunque son poco probables, siendo más creíble la hipótesis de una peritonitis.

A diez días de las exequias, los ministros españoles de inmediato comenzaron la búsqueda de una nueva candidata a ocupar el puesto de la difunta. Se le presentaron dos retratos al Rey, uno de Mariana de Neoburgo, una princesa alemana, y el otro de Maria Luisa de Médicis, una italiana. Carlos los observó diciendo:

La de Toscana es guapa y la de Neoburgo no se puede decir que sea fea

Pero volteando a ver un retrato de Maria Luisa de Orléans agregó con tristeza:

Pero esta dama era realmente hermosa

Es así como llegamos al fin de este primer episodio de “Crónicas Miserables”. Ojalá les haya servido para apreciar más sus vidas, o para comprender que la Historia finalmente es un chisme grandote construído por personas como ustedes y como yo.

En nuestro próximo número no garantizo nada. Tal vez haya relatos de la vida de Lisa S. o algún jocoso escrito sobre seres infames como los burócratas, o simples rants justificados. No olviden visitar:Usted está loco para sorpresas, regalos, sexo y rock and roll.

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