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Posts Tagged ‘enfermedades’

La razón por la cual escribo esta entrada es que hoy no fui a trabajar gracias a otra molesta infección gastrointestinal. La diferencia es que ahora sí me sentía tan mal en la mañana, hasta con fiebre, como para abandonar mis deberes laborales.

Cabe destacar que desde hace unos cuantos meses me la paso enferma, quién sabe porqué será Yo creo que por el bajón emocional causado por gente idiota e irresponsable….

Pero mejor sigamos con esta emocionante historia. Los había dejado en que un triste y fatídico domingo de septiembre de 1995 estaba toda cianótica, sin poder respirar y llena de flemas.

A lo que procedió el doctor en esa ocasión fue a mandarme directamente al hospital, ya que no tenía otra salida. El que tuvieron que elegir mis padres porque no había de otra fue uno del ISSSTE. Ignoro si les caí bien a los de urgencias o de veras me vieron bien mal, con mis costillas todas hundidas al respirar, el hecho es que salté una enorme fila de enfermos que tan desesperanzados estaban de pasar pronto que ya se habían traído hasta las cobijas para pernoctar en el suelo de la sala.

Rápidamente me ingresaron y allí una enfermera gorda y nada agradable procedió a inyectarme el trasero con un líquido misterioso que dolió hasta los infiernos y me entumeció la pierna. Luego de ello procedieron a darme inhaloterapia.

Ahh, la inhaloterapia. Qué agradable sensación. Una mascarilla como las que salen en la tele despide un vapor cargado, creo yo, de medicamentos. Realmente se siente muy bien, el vapor es un alivio para los pulmones inflamados y llenos de flemas. Va bajando la hinchazón y hace que las mucosidades salgan . Es como si después de andar bajo el sol inclemente todo el día se dan un baño de agua tibia. Un gran alivio, en verdad.

Durante tres horas más o menos estuve sentada sin hacer nada. Cuando eso terminó yo pensé que hasta allí habría acabado mi aventura, pues no me sentía tan mal, que no es lo mismo que estar bien pero siquiera creía que era una situación “segura”. Sin embargo los doctores del ISSSTE no lo vieron así y nos salieron con la noticia de que debía quedarme para observación.

Como es natural, chillé un poco, no demasiado para empeorar mi estado. Me pusieron ese infame pedazo de tela que es quesque bata de hospital, me despedí de mis padres y entré a los desconocido.

Era una situación tenebrosa. En esa sección de urgencias sólo habíamos dos pacientes, un bebé y yo. No estaba todo iluminado, sólo la luz caía en las camas ocupadas, lo demás quedó en penumbras. Yo tenía conectado un monitor cardiaco para observar la taquicardia que obviamente los medicamentos habían causado, y un suero enterrado en la muñeca que introducía líquidos curativos.

Fácilmente estuve allí doce horas. Doctores con estudiantes iba y venían. En cierto momento me dio cosa, pedí ver a mi madre, y como no se pudo me puse a llorar. Unos jóvenes doctores se apiadaron de mí y fueron a sentarse conmigo a discutir de sus tonterías. No hicieron nada más, pero que estuvieran allí me calmó. Por eso pienso que nos encontramos con gente buena de vez en cuando.

A eso de la medianoche me avisaron que me subirían a piso. Me sacaron de ese oscuro calabozo y me llevaron a uno quinto o sexto piso, más iluminado, con sendas camas, mucha luz, relativamente más agradable que el primer recinto. Y esa noche tampoco dormí.

Habían varias complicaciones. La más importante era que por miedosa no había querido mover el brazo donde tenía el suero, pues en mi infantil mente creí que si lo hacía se saldría la aguja rompiendo la venita, con la sangre saliendo a borbotones y moriría. Pero por esa necedad el brazo se me entumió y tuve que moverlo, con todo el terror de mi corazón. La otra complicación fue que me pusieron oxígeno, con la mascarilla de nuevo, pero esta vez era oxígeno puro. Yo no sé porqué hay bares de oxígeno si es la cosa más molesta del mundo. Quema por donde pasa, mi nariz me dolía y terminé con la piel levantada alrededor de las fosas nasales y los labios. También estaba asustada de una niña de al lado quien tenía un monitor cardiaco más ruidoso que el mío, por lo cual yo infería que se iba a morir. Pero más miedo me daba un “Cuarto de aislamiento” que estaba al otro extremo del piso, pero que yo podía ver claramente. Allí había un niño como de dos años al cual sus padres lo atendían tapados de pies a cabeza. Supongo que tendría algún problema con su sistema inmunológico, sólo que en ese entonces yo pensaba que sufría de ébola o cosa contagiosa parecida, la cual eventualmente escaparía y nos mataría a todos.

Sí, eso es lo malo de que a los diez años veas noticieros en igual proporción que caricaturas.

La noche infernal cesó, yo no sé si me dormí. Lo siguiente que recuerdo es que me obligaron a bañarme, con todo y suero. Créanme. No es nada divertido. No por el suero. Por el ISSSTE.

No los asquearé con demasiados detalles. El baño del piso era grandote, con esos azulejos amarillo baño, oliendo a caño como debe de ser, pelos en el piso siempre húmedo, sin puertas que se pudieran cerrar para permitir algo de privacidad, papel de baño esparcido por allí, cero jabón o shampoo y pésima iluminación. Sin agua caliente, porque el agua helada es lo mejor para los enfermos. Me cae que los servicios de salud en este país están excelentes.

Luego de tan traumante experiencia me dejaron cambiar el pedazo de tela quesque bata por algo que me hubieran traído de la casa. Mi padre me compró una pijama morada de caballitos, a mí que lo que más me gustaban eran los caballos. Y así comenzaron mis dos días y medio en el hospital.

Fueron realmente tranquilos. En la tarde me quitaron el suero, con lo que ya pude descansar mentalmente. Tenía jornadas de sueño largas, desde las 7 de la noche o antes hasta las 9 o 10 de la mañana, con interrupciones para que me inyectaran una jeringota con un líquido color turquesa o me dieran jarabes, pastillas y grajeas. La comida de hospital era de lo más insípida que hay, tanto que ni ganas me daban de comerla. Jugo de papaya sin azúcar, qué asco.

Me aburría mucho, así que prefería dormir. En un área especial había una tele a color donde ponían caricaturas, por esas épocas Dragon Ball era nuevecita y todos los niños la veían, excepto yo, que sólo aceptaba animaciones soviéticas del Canal Once. Además entre los pacientitos del lugar estaban dos niñas con las cabezas rapadas. Mi madre me dijo que había escuchado que a esas niñas su madre las había golpeado tanto que por eso estaban allí. Ahora lo dudo, yo creo que tenían cáncer, pero en ese entonces más bien sentía que tenían alguna enfermedad contagiosa y mortal que si me les acercaba, me moría.

Así pasaron lunes,martes y medio miércoles cuando me dieron de alta. Lo primero que hicimos luego de salir fue visitar al doctor para que viera que todo estaba bien. Esa fue la primera y única vez que mi doctor, quien me conoce desde que era un cigoto, me dio una paleta. Una mísera Tutsi Pop que me supo a gloria, porque en el hospital pura comida sana y mi padre sólo me había podido contrabandear unos polvorones y un Boing de naranja.

Cuando estuve en casita tomé un bañó, comí como Dios manda y me eché a dormir más de doce horas. Fui despertada no por el canto de las aves, sino por uno de esos temblores fuertes que de vez en cuando se dejan sentir en Mexico City. Tuve bastante suerte de haber salido un día antes, quién sabe qué habría hecho en un sexto piso de un gran hospital.

Me tomé toda la semana libre y el lunes ñoñamente, de nuevo a la escuela.

Después de esta aventura mis crisis asmáticas se detuvieron. Desde entonces jamás me ha vuelto a dar nada de eso magnitud, aunque a veces he sentido cómo se me cierra el pecho pero nunca a esos niveles.

Poco tiempo más tarde mi madre me llevó a un chochero (otro más)que según había mejorado mucho a mi tío asmático. Lo primero que hizo fue mandarme chochos. No eran divertidos, pero tampoco odiosos. Me gustaban las bolitas de azúcar, lo que no me agradaba eran los líquidos que los contenían. Luego me mandó a hacer una vacuna para inyectarme en el brazo a una frecuencia brutal, diario o casi diario durante no se cuántos meses. Mi madre tuvo que aprender a inyectar, estuve así como un año. Hasta la fecha me duele si me abrazan muy fuerte ><

Después abandonamos al chochero. Y llegamos hasta el día de hoy. Mi alergia a la humedad hace que el clima de esta época del año sea particularmente dañino. La nube me puede provocar dolores de cabeza, cuerpo cortado, cansancio, sueño, malhumor. También catarro aunque es de ley que sólo me de en la mañana, cuando soy una gripe andante. A veces tengo tos y flemas, pero cuando eso pasa quiere decir que he tomado menos antihistamínicos de lo normal. Últimamente he tratado de ya no tomarlos, si de todos modos no me hacen nada para qué llenar mi cuerpo de cochinadas.

También puedo predecir el clima con tan sólo ver la nube y estimar qué tan mal me siento.

Como pueden ver mi vida no ha sido muy normal, pero hay gente a la que le ha ido peor. Gracias a Dios estas sólo son molestias menores. Aunque a veces sí me aburre que los externos se quejen de que “tienen gripa” o mi preferida “tienen sinusitis” cuando pues yo he vivido siempre así y ni se siente tan mal. O también me causa lanzar un suspiro cuando me preguntan “¿porqué tienes tanto sueño?”. Bueno, si supieran lo que es tener la cabeza de mocos lo entenderían.

Pero así le hacemos.

Con esto cierro mi ciclo de enfermedades y alergias. Tal vez un día hable acerca de mi intestino, quien es todo un caso aparte. Ni qué decir de mi sistema inmunológico. Pero para que no se aburran, un video clásico:

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Mi salud siempre ha sido deficiente. Nací por cesárea, tomé mi leche, lloré mucho y me alimenté con gusto. Todo parecía normal, feliz, hasta que a los siete meses casi me voy al diablo debido a un ataque de asma fulminante. No me morí pero sí quedé tocada para siempre.

A partir de ello el asma y las alergias me han acompañado. Antes de que sigamos, conviene manifestar que una alergia es cuando el sistema inmunológico se pone estúpido, con lo cual reacciona de forma exagerada ante un elemento ambiental que en las personas normales no causa mayor alboroto. Por ejemplo si una partícula de polvo entra al sistema no debería provocar reacción alguna; pero un cuerpo alérgico estornudará, se irritará, moqueará, etc.

Mi asma fue causada por factores ambientales.Cada vez que algo de polvo, polen, pelo de animal, humedad o aire frío entraban a mi sistema, los bronquios reaccionaban de más para protegerse: se hinchaban y llenaban de flemas.

Una simple lluvia o un aire frío podían desatarla. Sólo que a diferencia del asma “normal” fulminante, inmediata que vemos en la tele, la mía era un tanto “benigna” ya que si comenzaba a ponerme mal por la mañana, por la noche ya podría estar en MUY serios problemas si no se me administraba algún tratamiento. O sea que mis padres y el doctor tenían tiempo de sacarme de allí.

El inconveniente de esta modalidad era que yo podía estarme con flemas y capacidad pulmonar disminuída por horas, días o semanas. Temporadas enteras como el verano (las lluvias), el otoño (las hojas de los árboles) y el invierno (el frío) con lapsos pequeños entre ellas de relativo bienestar. La única época en la que era más o menos feliz era Semana Santa, con puro calor seco, sin las molestias del polen de la primavera o la lluvia de verano.

Amén de mi sempiterna semiasfixia, disfrutaba yo de los complementos de nariz tapada (tapada EN SERIO, como cuando tienes gripa y no entra nada de nada) , tos imparable, garganta inflamada y dolor de cabeza aderezado por la sinusitis crónica (que aún hoy padezco).

Antes de entrar al kindergarden tenía ya un buen récord de visitas a urgencias con mis amigos de inhaloterapia,inyecciones, vacunas y asquerosas medicinas. Recuerdo claramente como mi madre me daba una pastilla molida mezclada con miel porque a finales de los ochenta aún no inventaban tanto jarabe kids friendly.

Eso era como asqueroso.

Digo, un niño no tienen porqué saber escupir flemas en medio de la comida como si nada, o saber distinguir si dichas mucosidades indican el grando de infección basándose sólo en su color.

En fin, que cuando entré a la escuela nunca más volví a ir a inhaloterapia..o eso creía. Seguía con mis insuficiencias, crisis y medicinas pero puedo decir que tuve una vida más o menos normal, sólo molesta. Medio ahogándome iba a la escuela pero qué podía hacer. Nada, nein.

De todas maneras habían muchas cosas que me estaban vedadas, como tomar refrescos fríos, comer helados, andar en shorts y sandalias, mojarme bajo la lluvia o jugar destapada por la calle. Como dije, mi época gloriosa era la Semana Santa, cuando el calor era tal que los ánimos de mis bronquios se apaciguaban. Hasta la moquera y el dolor de cabeza se me calmaban.

Durante años mis padres peregrinaron de un doctor a otro, de un remedio a otro. Fuimos con médicos generales, alergólogos, homeópatas y hasta naturistas. Nada más nos faltó una limpia.

Y entonces, un 13 de septiembre de 1995 vino lo inevitable: caí en el hospital, de veritas.

Ya llevaba arrastrando una moderada crisis desde días antes. Luego le supliqué a mi madre que me dejara tomar refresco frío a pesar de ello. Me dejó porque según nosotras ya bien sabíamos cómo reaccionaba mi cuerpo, no creímos que fuera tan grave y además mi pobre madre por una vez quiso que yo fuera medio normal.

Triste error. No pude dormir en toda la noche porque no respiraba casi. Ya habíamos pasado muchas malas noches antes pero esto era algo nunca antes visto. Ni con un coctail de medicinas mejoré. A la mañana siguiente yo misma, que tan bien conocía y que tanto había aguantado quise que me llevaran al doctor.

Recuerdo que era domingo pero el doc fue al consultorio sólo por mí.Los aviones para el desfile del 16 estaban ensayando pero a mí me valía gorros. Ese sería el último desfile aéreo en muchos años. El doc confirmó lo que ya sabíamos: estaba jodida. Sólo tenía el 30% de mis pulmones.Mis uñas, labios y ojeras estaban azules. Se me marcaban todas las costillas. No había nada que hacer.

En fin, ahí le dejo porque ya va a ser muy larga la entrada, les va a dar más flojera que de costumbre. En la próxima, mi triste vida en el hospital. Que no fue para tanto.

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